sobre nosotras no fuera el Omnisciente, Todopoderoso y Sapientísimo, nuestro orden se rompería y nuestra regularidad se arruinaría”.
Entonces quien hacía estos reclamos desapareció de allí también. Luego se encontró con el cuerpo de un ser humano y le dijo, nuevamente como dicen los naturalistas, con el idioma de la naturaleza ciega y la filosofía sin sentido: “Tú eres mío, yo te he creado; o en todo caso, tengo participación en tu creación”. El cuerpo humano le respondió con la lengua de la realidad y la sabiduría, y con la elocuencia de su orden:
“Si posees el poder y el conocimiento para tener el control real sobre los cuerpos de todos los seres humanos, que son iguales a mí y en cuyos rostros está la marca del poder, el sello de la creación y son iguales también, y si eres dueño de riqueza y jurisdicción, desde agua y aire para las plantas y los animales, los tesoros de mi sustento, y si tienes poder infinito y sabiduría ilimitada con la cual emplearme con perfecta sabiduría y hacer que realice mi adoración, y el poder y la sabiduría para alojar en un vaso tan angosto y modesto como yo facultades inmateriales y sutiles como el espíritu, el corazón y el intelecto, que son extremadamente vastos y exaltados y para los que yo soy meramente una cubierta, entonces demuestra todo esto y luego di que me has creado. Si no, ¡cállate!
“Además, según el testimonio del orden perfecto que hay en mi cuerpo y los indicios de la marca de la unidad que hay en mi rostro, mi Creador es Alguien Que es poderoso sobre todas las cosas, sabe todo, ve
