Tercer Punto
TERCER PUNTO: Los milagros para demostrar las afirmaciones de profecía y para convencer a aquellos que niegan esas afirmaciones, no son para obligar a la gente a creer. En consecuencia, los milagros tienen que manifestarse para aquellos que oyen las afirmaciones de profecía a un punto tal que los persuadirá. Tal como sería contrario a la sabiduría del Sabio y Glorioso mostrarlos en todo el mundo o de un modo tan obvio que todo el mundo estaría obligado a creer, así también sería contrario al misterio de la responsabilidad del ser humano. Porque esta responsabilidad requiere “abrir la puerta a la razón y no quitar el poder de elección”. Si el Creador Omnisciente hubiera dejado la división de la luna por una o dos horas para mostrarla a todo el mundo como deseaban los filósofos, y se hubiera registrado en todas las historias generales del ser humano, entonces hubiera sido como todos los otros eventos de los cielos y no habría una evidencia de la afirmación de la profecía de Muhammad (PyB) ni hubiera sido especial para su misión profética. Si no hubiese sido un milagro tan obvio que obligando a la razón a aceptarlo, hubiera negado el poder de elección, voluntariamente o no, hubiera tenido que asentir a su profecía. Alguien con un espíritu como un carbón como Abu Jahl hubiera estado al mismo nivel que alguien con un espíritu como un diamante como Abu Bakr el Veraz; el misterio de la responsabilidad del ser humano se hubiera perdido. Fue por este misterio que, al ser instantáneo y de noche, y a la hora de dormir- y la diferencia horaria, la niebla y las nubes y otros obstáculos lo ocultaron- no se mostró a todo el mundo y no pasó a la historia.
Cuarto Punto
CUARTO PUNTO: Ya que este evento ocurrió instantáneamente de noche mientras todos estaban durmiendo, por supuesto que no se vio en todo el mundo. Incluso si algunas personas lo hubieran visto, no lo hubieran creído sus ojos. E incluso si los hubiera hecho creer, un evento tan significativo no se hubiera vuelto una fuente permanente para la historia futura a través de los reportes individuales aislados.
En algunos libros está escrito que después de que la luna se partió en dos mitades se cayó a la tierra, pero los eruditos veraces han rechazado esos agregados, diciendo que tal vez fueron agregados por farsantes con la intención de reducir a nada el valor de este milagro evidente.
Y, por ejemplo, tal como al mismo tiempo en Inglaterra y en España, que entonces estaban envueltos en una bruma de ignorancia, hubiera sido ni bien pasada la puesta del sol, en América, de día, y en China y Japón, de mañana, así también en otros lugares hubieran aparecido otros obstáculos que impedirían verlo. Ahora considera a estos objetores irrazonables que dicen que las historias de pueblos como los ingleses, chinos, japoneses y americanos no lo mencionan y que, en consecuencia,
