arte que vale cinco dólares. Quizás, a veces una obra de arte antigua vale un millón de dólares pero su material no llega a costar ni cinco centavos.
Así una obra de arte antigua, si se lleva al anticuario, se expone y se anuncia con el nombre de su famoso artista podría venderse por un millón de dólares. Pero, si llevamos la misma obra a un mercado de chatarra, podríamos recibir cinco centavos por el valor del hierro con el que está hecho.
Así, el ser humano, es la obra perfecta del Creador Todo Poderoso y es el reflejo más sutil y milagroso de Su Poder, ya que había sido creado como una manifestación de todos Sus Bellos Nombres e inscripciones y en la forma de un minúsculo ejemplo del Universo.
Si la luz de la fe ha entrado dentro del ser humano, todas las inscripciones significativas se pueden leer. El creyente, lo lee concientemente y hace que los demás lo lean mediante esta relación, es decir, con el arte Divino en el ser humano se manifiestan los significados como: “¡Soy obra del Altísimo Creador y Su Criatura, en mí se manifiestan Su misericordia y generosidad!” Es decir que la fe, que consiste en estar conectado con nuestro Creador, refleja todas las obras de arte en el ser humano. El valor del ser humano está acorde al de esta obra Divina, y por ser el espejo de Un Suplicante Eterno. Entonces, una persona insignificante se convierte en destinatario del discurso Divino, y es superior a todas las criaturas y es un invitado de Allah, merecedor del Paraíso.
Sin embargo, si la incredulidad que rompe la relación con Allah se establece en el ser humano, todos los significados de las inscripciones de los Bellos Nombres de Allah caen en la oscuridad y no se leen, porque, si el Creador es olvidado, los aspectos espirituales relacionados con Él no pueden comprenderse y el ser humano casi cae de cabeza. La mayoría de esas sublimes obras de arte tan significativas quedan ocultas. El resto, es decir, lo que está a la vista, es atribuido a causas ínfimas, a la naturaleza o a la casualidad y sólo conduce a su decadencia. Así, aunque cada uno sea un diamante, se vuelve un cristal opaco y oscuro. Su importancia queda limitada tan sólo a su apariencia física y animal. Y como hemos dicho, el propósito y el fruto de su cuerpo físico es tener una vida corta y parcial como un animal impotente, débil y lleno de necesidades, para luego decaer y dejar de existir. Así, negar a Allah destruye la esencia humana y la transforma de diamante a carbón.
Segundo Punto
SEGUNDO PUNTO: Del mismo modo que la fe es la luz que ilumina al ser humano y que hace leer todas las cartas Divinas inspiradas en el ser
