Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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y en Jesús (la paz sea con ellos), lo que les permitirá obtener una buena moral y un buen carácter.

¡Oh, mi alma dominada por el mal! Si dices: “No quiero ser un extranjero, quiero ser un animal”, ¿cuántas veces te he dicho: “no puedes ser un animal”? Porque hay inteligencia en su cabeza, y le pega a tu rostro, tus ojos y cabeza con los dolores del pasado y los temores del futuro, y te golpea. Agrega mil dolores a un placer. Mientras que los animales reciben placer sin dolor y se divierten. ¡Entonces primero arranca tu inteligencia y tírala, luego sé un animal! También recibirás la bofetada aleccionadora de:

﴾ كَالْاَنْعَامِ بَلْ هُمْ اَضَلُّ ﴿[^30] “Son como animales de rebaño o peor aún en su extravío”.

[^30]:Corán, 7:179

Quinto Fruto

Quinto Fruto: ¡Oh, alma mía! Como hemos dicho repetidamente, ya que el ser humano es el fruto del árbol de la creación, él es la criatura que, como una fruta, es el más lejano, el más abarcativo y mira hacia todo, y carga la semilla de un corazón que sostiene dentro él los aspectos de unidad de todo, y cuyo rostro mira hacia la multiplicidad, la trascendencia y el mundo. En cuanto a la adoración, es una línea de unión que gira su rostro de la trascendencia hacia la permanencia, de la creación hacia el Creador, de la multiplicidad a la unidad, y de lo extremo a la fuente, o es un punto de unión entre la fuente y lo extremo. Si una fruta valiosa y conciente que formará una semilla mira hacia las criaturas vivas debajo del árbol y confiando en su belleza se arroja á sus manos; si al ser descuidada, se cae; caerá en sus manos y se aplastará y no será más que una fruta común. Pero si la fruta encuentra su punto de soporte y es capaz de pensar que por la semilla dentro de ella que sostiene los aspectos de unidad de todo el árbol, será el medio para la continuación del árbol y la existencia continua de la realidad del árbol, entonces una sola semilla dentro de una sola fruta manifestará una verdad perpetua universal dentro de una vida eterna.

De la misma manera, si el ser humano se sumerge en la multiplicidad, se ahoga en el universo y se intoxica con el amor por el mundo, es engañado por las sonrisas de los seres efímeros y se arroja a sus brazos, por cierto cae en una pérdida infinita. Cae tanto en la transitoriedad como en lo efímero y la inexistencia. De hecho se sentencia a sí mismo a la muerte. Pero si escucha con el oído de su corazón las lecciones de fe de la lengua del Corán y eleva su cabeza y se vuelve hacia

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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