probado las muestras dentro de ello de las perfecciones manifestadas en todas las criaturas y las repartió entre ellos.
Así, para ver en un punto y en un espejo todas las variedades de Su amor diseminadas por todas las criaturas, y para mostrar, con el misterio de Su unicidad, todas las variedades de Su belleza, el Creador Artista de seres, llevará a una persona que está al nivel de ser un fruto luminoso del árbol de la creación y cuyo corazón es como una semilla que contiene las verdades esenciales de ese árbol, y demostrará el amor por ese individuo, que representa al universo, a través de una Ascensión que es como un hilo que conecta la semilla- que es el origen- con el fruto- que es el fin. Lo llevará ante Su presencia y lo honrará con la observación de la belleza de Sí mismo. Y, para hacerlo esparcir ese estado sagrado hacia otros, Él lo favorecerá con Su Palabra y le encomendará Su Decreto.
Para ver esta sabiduría exaltada, la observaremos a través del telescopio de dos comparaciones.
Primera Comparación
Primera Comparación: Como se explica en detalle en la historia comparativa de la Palabra Once, había un rey ilustre que tenía numerosos tesoros que contenían diamantes, esmeraldas y joyas de todo tipo. Tenía mucha habilidad en artes extrañas, un conocimiento abarcativo de innumerables artes curiosas, y era un gran erudito y aprendiz de innumerables ciencias maravillosas. Como todo poseedor de belleza y perfección que quiere ver y mostrar su propia belleza y perfección, ese glorioso rey quiso abrir una exhibición y dispuso muestras dentro de él para revelar a la gente la majestuosidad de su soberanía para que la pudieran contemplar, y para manifestar su riqueza brillante, las maravillas de su arte, y las maravillas de su conocimiento. De esta manera podría observar su propia belleza y perfección inmateriales en dos aspectos. El primero era para que él mismo pudiera verlas con sus propias miradas sutiles que conocen todos detalles científicos, mientras que el otro era para que pudiera ver a través de la mirada de los otros.
Como consecuencia de esta sabiduría, el rey comenzó a construir un palacio enorme y espléndido. Estaba dividido magníficamente en departamentos y mansiones. Lo decoró con todo tipo de joyas de sus tesoros, y con sus propias manos llenas de arte lo adornó con las obras más delicadas y hermosas. Lo ordenó con las artes más sutiles de su sabiduría, y lo engalanó con las obras milagrosas de su sabiduría. Luego dispuso mesas con variedad de bendiciones y las más deliciosas comidas apropiadas para cada grupo y preparó un banquete general. Entonces, para mostrarles sus perfecciones a sus súbditos, los invitó al banquete y a contemplar sus perfecciones.
