Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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Tal como en el Paraíso, la sabiduría Divina hace que el cuerpo acompañe al espíritu, porque es el cuerpo el que es el medio por el cual las tareas de adoración se realizan y el medio de innumerables placeres y dolores, así también su cuerpo bendito acompañó a su espíritu. Ya que el cuerpo va al Paraíso junto con el espíritu, es pura sabiduría que Él haya hecho que el cuerpo de Muhammad (PyB) acompañara su espíritu, que ascendió “junto al Loto del límite”, que es el tronco del hogar del Paraíso.

Nuevamente viene a la mente que tú dirías: “Según el criterio racional, ¿no es imposible atravesar una distancia de miles de años en sólo algunos minutos?”

A lo que responderíamos: Los movimientos del arte del Creador Glorioso varían absolutamente. Por ejemplo, se sabe que tan diferentes son las velocidades de la luz, la electricidad, el espíritu y la imaginación, y la del sonido. Y, como se estableció por la ciencia, las velocidades del movimiento de diferentes planetas son tan diferentes que deja a la mente atónita.

¿Entonces cómo parecería contrario a la razón el movimiento a la velocidad del espíritu de su cuerpo sutil, que siguió su espíritu exaltado durante el Ascenso?

Además, a veces sucede que al dormir por diez minutos estás sujeto al equivalente de un año de estados diferentes. E incluso si las palabras que se hablaron o se oyeron durante un sueño que dure un minuto se juntaran, para que fueran dichas u oídas en el mundo real se necesitaría un día o incluso más. Eso significa que un solo período de tiempo es relativo; puede parecer como un día para una persona y como un año para otra.

Considera el significado de esto por medio de una comparación. Imaginemos un reloj que mide la velocidad del movimiento mostrado por el ser humano, por balas de cañón, por el sonido, la luz, la electricidad, el espíritu y la imaginación. El reloj tiene diez manecillas. Una muestra las horas mientras que otra cuenta los minutos en una esfera sesenta veces más grande. Otra manecilla cuenta los segundos en una esfera sesenta veces más grande que la previa, y aún las otras, cada una, cuentan regularmente las fracciones decrecientes a una décima de segundo en amplias esferas que regularmente aumentan sesenta veces.

Supongamos que los círculos descriptos por la manecilla que cuenta las horas fueran del tamaño de nuestro pequeño reloj, entonces la manecilla que cuenta las décimas de segundo debería ser del tamaño de la órbita anual de la tierra, o aún más grande. Ahora, supongamos que hay dos personas. Una de ellas es como si estuviera montada sobre la

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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