Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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familiares para él y no sufrió ninguna dificultad o privación como su hermano porque conocía y obedecía las órdenes. Le resultó fácil y siguió su camino libremente en paz y con seguridad. Entonces llegó a un huerto en el cual había flores y frutas muy llamativas y como no estaban cuidadas se encontraban sucias y podridas. Su hermano había entrado también en uno parecido pero como sólo pudo distinguir suciedades, se le revolvió el estómago y tuvo que dejar todo e irse sin poder descansar. Sin embargo, el hermano inteligente actuó de acuerdo a la regla: “Mira lo bueno de las cosas,” y no le prestó atención a las cosas malas. Se benefició de lo bueno y tuvo un descanso placentero y pudo seguir su camino.

Más tarde, como sucedió con el primer hermano, entró en un gran desierto y repentinamente, escuchó el rugido de un león que le estaba atacando. Estaba asustado pero no tanto como su hermano, ya que a través de sus buenos pensamientos y actitud positiva, pensó: “Este desierto tiene un soberano y es posible que este león sea un siervo bajo sus órdenes” y encontró consolación. Pero aún así huyó hasta que encontró un pozo vacío de sesenta metros de profundidad. Se arrojó dentro y al igual que su hermano, su manó chocó con el árbol a la mitad del camino y permaneció suspendido en el aire. Miró y vio los dos animales royendo las dos raíces del árbol. Miró arriba y vio al león y hacia abajo y vio al dragón. Así como su hermano vio que la situación era muy extraña y estaba aterrorizado como él, pero su terror era mil veces menor que el de su antecesor porque su buena moral le había dado buenos pensamientos y éstos le mostraron el lado bueno de todas las cosas.

Entonces, pensó así: “Estos hechos extraños tienen relación entre sí, incluso parece que actúan de acuerdo a un orden y por tanto contienen un misterio. Sí, ellos están bajo la orden de un soberano oculto. En conclusión, no estoy solo; el soberano oculto me está viendo, me está probando, me está llevando hacia algún lugar con algún propósito e invitándome allí. Una gran inquietud surgió de ese miedo placentero y de estos agradables pensamientos y se preguntó: ¿Quién es el que me está probando, que quiere darse a conocer y me está llevando con algún propósito por este raro camino?”.

Entonces, el amor hacia el poseedor del misterio surgió del deseo de conocerle y de este amor surgió el deseo de resolver el misterio; de este deseo surgió la necesidad de adquirir buenas cualidades con las cuales gratificar y dar placer al propietario del misterio.

Entonces miró al árbol y vio que era una higuera, pero contenía frutas de miles de árboles. Entonces todo su miedo desapareció porque entendió que seguro la higuera era un listado, una exhibición. El soberano

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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