familiares para él y no sufrió ninguna dificultad o privación como su hermano porque conocía y obedecía las órdenes. Le resultó fácil y siguió su camino libremente en paz y con seguridad. Entonces llegó a un huerto en el cual había flores y frutas muy llamativas y como no estaban cuidadas se encontraban sucias y podridas. Su hermano había entrado también en uno parecido pero como sólo pudo distinguir suciedades, se le revolvió el estómago y tuvo que dejar todo e irse sin poder descansar. Sin embargo, el hermano inteligente actuó de acuerdo a la regla: “Mira lo bueno de las cosas,” y no le prestó atención a las cosas malas. Se benefició de lo bueno y tuvo un descanso placentero y pudo seguir su camino.
Más tarde, como sucedió con el primer hermano, entró en un gran desierto y repentinamente, escuchó el rugido de un león que le estaba atacando. Estaba asustado pero no tanto como su hermano, ya que a través de sus buenos pensamientos y actitud positiva, pensó: “Este desierto tiene un soberano y es posible que este león sea un siervo bajo sus órdenes” y encontró consolación. Pero aún así huyó hasta que encontró un pozo vacío de sesenta metros de profundidad. Se arrojó dentro y al igual que su hermano, su manó chocó con el árbol a la mitad del camino y permaneció suspendido en el aire. Miró y vio los dos animales royendo las dos raíces del árbol. Miró arriba y vio al león y hacia abajo y vio al dragón. Así como su hermano vio que la situación era muy extraña y estaba aterrorizado como él, pero su terror era mil veces menor que el de su antecesor porque su buena moral le había dado buenos pensamientos y éstos le mostraron el lado bueno de todas las cosas.
Entonces, pensó así: “Estos hechos extraños tienen relación entre sí, incluso parece que actúan de acuerdo a un orden y por tanto contienen un misterio. Sí, ellos están bajo la orden de un soberano oculto. En conclusión, no estoy solo; el soberano oculto me está viendo, me está probando, me está llevando hacia algún lugar con algún propósito e invitándome allí. Una gran inquietud surgió de ese miedo placentero y de estos agradables pensamientos y se preguntó: ¿Quién es el que me está probando, que quiere darse a conocer y me está llevando con algún propósito por este raro camino?”.
Entonces, el amor hacia el poseedor del misterio surgió del deseo de conocerle y de este amor surgió el deseo de resolver el misterio; de este deseo surgió la necesidad de adquirir buenas cualidades con las cuales gratificar y dar placer al propietario del misterio.
Entonces miró al árbol y vio que era una higuera, pero contenía frutas de miles de árboles. Entonces todo su miedo desapareció porque entendió que seguro la higuera era un listado, una exhibición. El soberano
