evidencias que establecen la existencia de un poder haciendo su voluntad a lo largo de toda la creación; todos los argumentos que señalan a una volición y determinación dominando el orden y la administración del cosmos; todos los signos y milagros que dan fe de la misión profética de los profetas, los medios del discurso soberano y la revelación Divina, las indicaciones que atestiguan a los siete atributos de la Divinidad; todos ellos señalan, atestiguan e indican unánimemente la vida del Ser Viviente y Auto-Subsistente. Porque si la facultad de la visión está presente en una cosa, debe haber vida también. Si hay audición, esto también es un signo de vida. Si hay discurso, esto también señala a la existencia de vida. Si hay libre albedrío y voluntad, estos demuestran la existencia de la vida.
De igual modo, los atributos cuya existencia está comprobada y es obvia en virtud de sus rastros a lo largo del cosmos, los atributos tales como el poder Absoluto, la voluntad que todo lo abarca y el conocimiento abarcativo, dan testimonio con todas sus pruebas de la vida y de la necesaria existencia del Ser Viviente y Auto-Subsistente. Dan fe de Su vida eterna, cuya sombra es suficiente para iluminar a todo el cosmos, y una manifestación que es suficiente para dar vida al Más Allá, junto con todas sus partículas.
El atributo Divino de vida está también conectado con el pilar de la fe en los ángeles, y lo demuestra a modo de indicación. Porque el más importante de todos los objetivos del cosmos es la vida, y los seres vivos constituyen la forma más generalizada de la creación, con sus especímenes multiplicados debido a su valor; ellos constantemente animan el hospedaje de este mundo con el ir y venir de sus caravanas. Además, el globo terráqueo, que está lleno con tantas especies de seres vivos, es constantemente vaciado y llenado a la vez que estas variadas especies se renuevan y se multiplican, y los seres vivos son creados en multiplicidad incluso en las sustancias más viles y más corruptas, para que haya – como hubo – una resurrección constante de microbios. Finalmente, la conciencia y el intelecto, que son la esencia destilada de la vida, y el espíritu, que es su sustancia sutil y estable, también son creados en todas partes del globo en la multiplicidad más absoluta, para que sea como si el planeta estuviera animado y fuera obligado a regocijarse por la vida, el intelecto, la conciencia y el espíritu. Si tomamos en cuenta todo lo anterior, es totalmente imposible que los cuerpos celestes, que son más sutiles, más luminosos, más grandes y más significativos que el globo terráqueo, estén muertos y sin vida, o que sean rígidos y mudos.
Deben existir, entonces, estar provistos con la propiedad de la vida, seres vivos y concientes que animan los cielos, los soles, y las estrellas, que otorgan sobre ellos su vitalidad, manifiesta el resultado del propósito
