Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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Señala sus consecuencias dañinas. Pero sus representaciones entonces incitan al vicio tanto que se les hace agua a la boca y la razón no puede permanecer bajo control.

Estimulan el apetito, provocan el deseo, entonces las emociones ya no le prestan atención a nada. La literatura del Corán, sin embargo, no agita el deseo; imparte un sentido de amor por la verdad, una pasión por la amabilidad pura, una apreciación y un gusto por la belleza, un deseo por la realidad. Y no engaña.

No mira al universo desde el punto de vista de la Naturaleza; habla de él desde el punto de vista del arte Divino, con los colores del Más Misericordioso. No confunde la mente.

Inculca la luz del conocimiento del Creador. Señala Sus signos en todas las cosas. Ambas literaturas producen un pesar conmovedor, pero no se parecen entre sí.

La literatura nacida de Europa provoca un pesar patético que surge de la falta de amigos, de no tener dueño; no un pesar elevado.

Porque es una tristeza angustiante inspirada por la Naturaleza sorda y la fuerza ciega. Muestra el mundo como desolado, y de ninguna otra forma.

Lo representa de esta manera, mantiene al ser humano apesadumbrado allí, lo ubica sin dueño entre extraños, dejándolo sin esperanza.

Debido a este sentimiento de consternación que le ha dado, gradualmente se hunde en el extravío; abre el camino del ateísmo, desde donde es difícil retornar. Tal vez nunca retornará.

La literatura Coránica produce pesar, pero es el pesar del amor, no de los huérfanos. Surge de la separación de los amigos, no de la falta de ellos.

Su punto de vista del universo, en lugar de la Naturaleza ciega, es un arte Divino misericordioso y conciente; no habla de la Naturaleza.

En lugar de la fuerza ciega, describe un poder Divino sabio y con un propósito. El universo, entonces, no toma la forma de un baldío desolado.

Por cierto, desde el punto de vista del que sufre a quien se dirige, se vuelve una reunión de amigos. A cada lado hay amor y respuesta mutua, lo que no causa angustia.

La simpatía en cada rincón arroja a la persona melancólica a la sociedad, dándole un pesar anhelante, un sentimiento elevado; no una congoja abatida.

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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