placeres viles, disolutos, carnales y lujuriosos no experimentarán placer espiritual.
Mirando desde el punto de vista 'novelesco' de la literatura moderna, que surgió de Europa, ni verán ni experimentarán las sutilezas elevadas, las virtudes majestuosas, del Corán.
Su piedra fundamental no puede ensayar aquellas virtudes. Hay tres áreas en las que la literatura pasea; deambula dentro de sus límites:
Ya sea el amor y el pesar, o el heroísmo y el valor, o la representación de la realidad. En la literatura extranjera, no se busca la verdad en el heroísmo; más bien inculca un deseo de poder al aplaudir las crueldades de la humanidad.
En cuanto al pesar y al amor, no conoce al verdadero amor; inyecta en el alma un estremecimiento que provoca la lujuria.
En cuanto a representar la realidad, no considera al universo como arte Divino; no lo ve con su color del Más Misericordioso.
Más bien se acerca a él desde el punto de vista de la ‘Naturaleza’, y la representa así; y no puede liberarse de esto.
Por esta razón, lo que inculca es el amor por la ‘Naturaleza’. Infunde en el corazón un sentimiento de materialismo, del que no se puede salvar fácilmente.
Nuevamente, esa literatura descortés, tanto sedativa como narcótica, no puede brindar ningún beneficio excepto por la angustia del espíritu que surge del extravío que resulta de lo mencionado anteriormente.
Ha encontrado un solo remedio, y es sus novelas y ficción. Los libros con sus muertos vivos, el cine con sus cadáveres animados. ¡Los muertos no pueden dar vida!
Y el teatro con sus reencarnaciones y fantasmas desde la tumba vasta conocida como el pasado. No tiene vergüenza en absoluto por estos tres tipos de ficciones.
Ha puesto una lengua mentirosa en la boca de la humanidad, le adjuntó un ojo pecaminoso a su rostro, vistió al mundo con una enagua escarlata, y no reconoce la belleza pura.
Si señala al sol, pone en la mente del lector una hermosa actriz rubia. Aparentemente dice. “El vicio es malo, no es adecuado para el ser humano”.
