si no puedes, ¡sal de aquí! ¡Vete al infierno! Tengo trabajo para hacer, mi tarea que cumplir.
“Además, nuestro orden magnificente, el movimiento asombroso y la subyugación con sentido demuestran que nuestro Maestro es tal que todos los seres, desde las partículas diminutas hasta las estrellas y las galaxias son obedientes y se subyugan ante Él como soldados bajo las órdenes de su capitán. Él es el Omnisciente Poseedor de Gloria, el Poseedor de la Soberanía Absoluta que ordena al sol con los planetas tan fácilmente como ordena y decora un árbol con sus frutos”.
Ya que el reclamante no pudo encontrar nada para sí en la tierra, se fue y se dijo a sí mismo sobre el sol: “Esto es una cosa enorme y grandiosa. Tal vez encuentre un hueco en él y pueda abrirme camino allí; entonces tal vez pueda subyugarlo como a la tierra”. Entonces le dijo al sol, como dicen los adoradores del fuego, en nombre de la idolatría y en el idioma de la filosofía que es el portavoz de Satanás: “Tú eres un gobernante, tú eres dueño de ti mismo; tú dispones de los asuntos libremente, como tú lo deseas”. Pero el sol le respondió en nombre de la verdad y con la lengua de la realidad y de la sabiduría Divina, le dijo:
“¡Allah no lo permita! ¡Ni en un millón de años, Allah no lo permita! Soy un oficial servil. Soy un candelabro en la casa de huéspedes de mi Señor. No soy el verdadero dueño de una mosca, ni siquiera de una de sus alas. Porque en el ser de la mosca hay joyas inmateriales y obras de arte antiquísimas, como ojos y oídos, como los que no existen en mi negocio. Están fuera de la esfera de mi poder”, y así le dio una reprimenda.
Entonces, el reclamante cambió su modo de abordar el tema y le dijo que con la lengua de la filosofía demoníaca: “Ya que no eres el dueño de ti mismo, eres un siervo; yo te reclamo entonces en nombre de las causas”. A lo que el sol respondió en nombre de la verdad y la realidad y con la lengua de la adoración:
“Sólo puedo pertenecerle a quien es capaz de crear a todas las estrellas elevadas, que son mis amigas, de ponerlas en los cielos con sabiduría sin error, de hacerlas girar con absoluta magnificencia y de adornarlas con sus mejores galas exquisitas”.
A continuación, el reclamante se dijo a sí mismo: “Las estrellas son una gran multitud, parecen estar desparramadas y en desorden. Tal vez podré ganar algo de ellas en nombre de mis clientes”. Entonces se fue entre ellas y les dijo en nombre de las causas y de aquellas cosas asociadas a Allah como copartícipes, en el idioma de la filosofía rebelde y como los sabeos adoradores de las estrellas: “Ya que están tan
