piedras enormes, abriría un camino para mí. Me dijeron: “Esta linterna y este artefacto te fueron dados del tesoro del Corán”. Entonces los cargué por un largo tiempo en este camino. Luego, de repente, me di cuenta de que había salido por el otro lado. Vi un mundo donde en todas partes había celebraciones y un sol brillante en una brisa muy hermosa y vigorizante de primavera y agua deliciosa de vida. Dije: “¡Todas las alabanzas sean para Allah!”
Entonces me di cuenta de que no era mi propio dueño, alguien me estaba poniendo a prueba. Como en la primera parte del viaje, me encontré en ese amplio desierto bajo las nubes sofocantes. Y, a pesar de que ahora estaba en otro camino, aún alguien me estaba conduciendo. Esta vez no bajo la tierra; estaba haciendo este largo viaje sobre la faz de la tierra para alcanzar el otro lado. Vi cosas tan raras y curiosas en esta parte de mi viaje que no se pueden describir… El mar estaba furioso, las tormentas me amenazaban, todo me causaba dificultad. Pero una vez más, con los medios de viaje que me habían dado del Corán, pude superarlo y lo pasé. En el camino vi que había cadáveres de viajantes por todas partes. Aquellos que habían completado el viaje eran uno de mil. A ese paso, luego de ser salvado de la nube había llegado al otro lado de la tierra y había salido a la vista del sol resplandeciente. Respirando en la brisa energizante, declaré: “¡Todas las alabanzas sean de Allah!”
Comencé a mirar a todos lados en ese mundo como un cielo. Entonces vi que había alguien que no me dejaba estar allí. En un instante me llevó a ese amplio desierto como si me mostrara otro camino. Allí vi distintos tipos de cosas, algunas como aeroplanos, algunas como autos, algunas como montacargas, que habían descendido como ascensores. Quien sea que, según su poder y capacidad, saltara sobre ellos, era tomado. Yo, también, salté sobre uno de ellos, y en un minuto me llevó por encima de la nube. Salí a las más bellas cimas de montañas espectaculares y verdes. La capa de nubes no llegaba más allá de la mitad de las montañas. En todas partes había brisas gentiles, la más deliciosa agua y las luces más delicadas. Vi que por todos lados estaban estos vehículos luminosos como ascensores. A pesar de que yo los había visto en las primeras dos partes de mi viaje y sobre la otra cara de la tierra, no había comprendido lo que eran. Ahora me daba cuenta de que eran manifestaciones de las aleyas del Sabio Corán.
Así, el primer camino, que está indicado por: ﴾ وَلَا الضَّٓالّ۪ينَ ﴿ “ni el de los extraviados”, es el de aquellos que están sumergidos en la naturaleza y aquellos que son seguidores de la filosofía del naturalismo. Has visto en
