Mientras se encuentra concentrado en estos pensamientos, escucha de forma inesperada la voz celestial del Corán diciendo: “Por supuesto que hay una forma bella y fácil que contiene cinco ganancias”.
¿Cuál es esa forma?
La respuesta: Vender lo que se nos ha confiado a su verdadero dueño. Tal venta proporcionará cinco ganancias.
Primera Ganancia: La propiedad transitoria se convierte en perdurable.
Debido a que esta vida es limitada, cuando la misma se entrega generosamente al Eterno y Subsistente Señor de la Gloria y se utiliza para Su causa, se transforma en eternidad: dará frutos eternos. Aparentemente los momentos de la vida desaparecerán y se pudrirán como granos y semillas que luego darán origen a las flores de la felicidad y de las promesas; se abrirán y florecerán en el reino de la eternidad y cada una presentará un aspecto luminoso y alentador en el Reino Intermedio.
Segunda Ganancia: Se da a cambio el alto precio del Paraíso.
Tercera Ganancia: El valor de cada miembro y de cada sentido se multiplica mil veces.
Por ejemplo, la inteligencia es como una herramienta. Si no se la concedes a Allah Todopoderoso y si no la empleas para el bien del alma, se volverá un instrumento nefasto, incapaz y debilitado que te cargará con todas las penas del pasado y terribles miedos al futuro. Descenderá al rango de un instrumento desfavorable y destructivo.
Es por esta razón que una persona pecadora caerá frecuentemente en la embriaguez y el frívolo entretenimiento, para escapar de las vejaciones e injurias de su mente. Pero si tú cedes tu inteligencia a su Verdadero Propietario y la empleas en Su Nombre, entonces la mente se convertirá en una clave que descifrará un enigma, destapando los tesoros infinitos de la Compasión y las bóvedas de sabiduría que la creación contiene.
Para dar otro ejemplo, la vista es uno de los sentidos a través del cual el alma ve el mundo. Si no se la concedes a Allah Todopoderoso y la usas en nombre del alma maligna contemplando sólo las escenas bellas pero pasajeras y transitorias, te hundirás hasta convertirte en un esclavo del alma lujuriosa y concupiscente. Pero si entregas la vista a su Hacedor, la empleas en Su Nombre dentro de los límites impuestos por Él, entonces crecerás al rango de un lector del Libro Maravilloso, un testigo de los milagros del arte Divino; serás como una bendita abeja succionando flores de Misericordia en el jardín de este mundo.
