Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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Quien sea que en su imaginación se embarque en el barco de la historia y parta hacia el pasado verá etapas, lugares, encuentros y mundos todos muertos, tan numerosos como los años, cada uno como el lugar de parada que es el mundo, el campo de prueba, la reunión de la creación, que ahora vemos. En forma y calidad, se diferencian entre sí, pero se parecen con respecto a su orden, su majestuosidad y la forma en que despliegan el poder y la sabiduría del Creador.

En esos lugares de parada temporarios, esos campos transitorios, esos encuentros efímeros, también verá las obras ordenadas de una sabiduría tan manifiesta, las indicaciones de una gracia tan evidente, los signos de una justicia tan imperiosa, los frutos de una altísima misericordia que sabrá con certeza – salvo que carezca totalmente percepción – que una sabiduría sumamente perfecta que aquella que él contempla es inconcebible, que una gracia más bella que aquellos signos de los que observa es imposible, que una justicia más gloriosa que aquellas indicaciones de las que ve no pueden existir, y una misericordia más abrasadora que aquellas frutas de las que ve, es inimaginable.

Si, suponiendo lo imposible, no hubiera moradas permanentes, mansiones elevadas, estaciones duraderas y moradas eternas, con sus residentes eternos, los felices siervos de Allah, en el reino de ese Eterno Monarca Que dispone de todos los asuntos, Que está constantemente cambiando al hospedaje y a sus internos; entonces sería necesario rechazar la verdadera esencia de la sabiduría, la justicia, la gracia y la compasión, aquellos cuatro poderosos y universales elementos espirituales que son la luz, el aire, el agua y la tierra. Habría que negar su existencia, incluso cuando son tan evidentes como los elementos externos. Porque está claro que este mundo pasajero y sus contenidos no pueden ser una manifestación completa de su verdad.

Si no hay otro lugar, en alguna otra parte, donde pueden manifestarse por completo, entonces se vuelve necesario, con una locura como aquella de quien niega la existencia del sol incluso cuando ve su luz que llena el día; negar la gracia que podemos observar en nuestras propias almas y en la mayoría de las otras cosas; negar la justicia cuyos signos se evidencian con tanta fuerza [^32]; y negar la compasión que vemos

[^32]:Existen dos variedades de justicia, una afirmativa y la otra negativa. La variedad positiva consiste de dar y merecer su derecho. Esta forma de justicia existe a través del mundo de la forma más obvia, porque, como se demostró en la Tercera Verdad, otorga visiblemente, según un equilibrio especial y un criterio particular, todos los objetos de deseo requeridos por todo desde su Creador Glorioso con la lengua de la capacidad innata, el lenguaje de la necesidad natural, la impotencia. el discurso de la necesidad, y todos los requerimientos de la vida y la existencia. Esta variedad de justicia es, entonces, tan cierta como la vida y la existencia misma. La otra variedad de justicia, la negativa, consiste en castigar a los injustos; les da su merecido a los que hacen el mal por medio de tormentos y castigo. Este tipo de justicia no está manifestada por completo en este mundo, a pesar de que hay si, innumerables signos e indicaciones que nos permiten sentir su verdadera naturaleza. Por ejemplo, todos los golpes de castigo y los latigazos punitivos que hemos descendido sobre toda la gente rebelde, desde el Ad y el Talmud hasta aquellos de esta época, demuestran definitivamente que una justicia exaltada domina el mundo.

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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