En su totalidad el universo es una orquesta elevada; por la luz de la fe sus recitaciones, sus glorificaciones, son escuchadas.
Porque su sabiduría rechaza la existencia de la casualidad, su orden la rechaza; al unísono destierran la duda.
¡Amigo viajero! Estamos dejando ahora este mundo de similitudes, bajando de la imaginación y el capricho. Descenderemos en la arena de la razón, haremos un balance, y cerraremos aquellos caminos.
Nuestro primer camino, lleno de dolor, es de “los que son motivo de ira” y “el de los extraviados”, inflige sufrimiento en la conciencia más recóndita, y dolor severo. La conciencia mostró esto; nos convertimos en la reversa de lo conciente.
Debemos estar a salvo de ello, necesitamos ser, para que el dolor se apacigüe, o entumecidos, no podemos soportarlo de otra manera; nadie presta atención a los gritos de ayuda.
La guía es sanadora, pero los caprichos bloquean los sentimientos. Esto requiere consuelo, requiere que se haga caso omiso, requiere ocupación, requiere entretenimiento. Deseos encantadores.
Entonces puede engañar la conciencia y pone el espíritu a dormir para que no sientan dolor. De lo contrario ese sufrimiento doloroso chamusca la conciencia; el dolor es insoportable, la desesperación no se puede soportar.
Este medio, sin importar qué tan lejos uno se desvíe del Camino Recto, hasta ese punto uno se afecta en ese camino, haciendo que la conciencia llore. Adentro de cada placer hay un dolor, una mancha.
Eso significa una civilización brillante, que es una mezcla de capricho, lujuria, distracción y licencia, es una panacea engañosa para la angustia espantosa que surge del extravío, un narcótico venenoso.
¡Mi querido amigo! En nuestro segundo camino, ese sendero lleno de luz, percibimos un estado mental en el que la vida se volvió la fuente de placer, los dolores se volvieron placeres.
Comprendimos que imparte un estado en el espíritu variando en niveles según la fuerza de la fe. El cuerpo recibe placer a través del espíritu, el espíritu recibe placer a través de la conciencia.
Un placer inmediato se siente en la conciencia; un paraíso espiritual está presente en el corazón. Pensar en él es abrirlo; mientras la conciencia está marcada por sus secretos.
