La luz está en deuda con la oscuridad, el placer está en deuda con el dolor; no hay salud sin enfermedad.
Si no hubiera un Paraíso, tal vez el Infierno no sería un tormento. No puede estar sin frío extremo. Si no hubiera un frío extremo, no quemaría.
El Creador Que No Muere demostró Su sabiduría en la creación de los opuestos. Su majestuosidad se volvió evidente.
El Eterno Todopoderoso mostró Su poder al combinar los opuestos. Su enormidad se manifestó.
Ya que el poder Divino es una cualidad inherente y necesaria, y necesariamente esencial al Eterno, no puede comprender opuestos, la impotencia no puede intervenir en él, no puede haber niveles en él, nada puede ser difícil para él.
El sol se volvió un nicho para la luz de Su poder. La superficie del mar se volvió un espejo para la luz del nicho, los ojos de las gotas de rocío todos se volvieron espejos.
El sol, la amplia superficie del mar refleja y es reflejado también por las gotitas de las arrugas de sus ceños; el ojo diminuto de las gotas de rocío también brilla como una estrella.
Sostienen la misma identidad: desde el punto de vista del sol, el ceño y el mar son lo mismo, su poder los hace iguales; la pupila del ojo de las gotas de rocío es un sol diminuto.
El sol magnífico también es una gota de rocío diminuto; la pupila de su ojo es una luz recibida del Sol de Poder; es la luna para ese poder.
Los cielos son un océano; en la anchura del Más Misericordioso, las gotitas ondulan en las arrugas de su ceño, que son las estrellas y los soles.
El poder se manifestó, esparció reflejos titilantes sobre aquellas gotitas. Cada sol una gotita, cada estrella una gotita de rocío, cada uno el parecido de un destello.
El sol como una gota es una reflexión diminuta de la refulgencia de esa manifestación. Hace de su alma bruñida como una perla para aquél reflejo de vidrio. Las estrellas de gotas de rocío brillan.
En su ojo delicado, le da un lugar al destello, el destello se vuelve una lámpara, su ojo se vuelve vidrio, su lámpara se enciende. ∗∗∗
