que ellos siguen a su líder como los creyentes siguen al Imam en la oración e indican en gran escala, la grandiosidad del Poder divino y la unidad de su Sustentador. Aquellos cuerpos sin vida, esas grandes masas inconscientes, son rotados y empleados dentro del mayor orden y sabio balance, de varias formas y sobre variadas distancias y movimientos, dando prueba del grado de poder y de sabiduría. Compáralo tú mismo. Si el azar pudiera intervenir en una pequeña parte de este gran y complejo asunto, causaría una explosión tan grande que dispersaría el universo. Si se detiene el movimiento de uno de ellos durante un minuto podría provocar que deje su órbita y abriría la posibilidad de chocar con otro planeta. Comprende cuán grande podría ser la colisión de cuerpos que son miles de veces más grandes que la Tierra.
Ahora nos referiremos al conocimiento de Allah que abarca todo, de las maravillas del sistema solar, es decir, los doce planetas que son el fruto y los seguidores del sol. Consideremos solamente nuestro planeta, la Tierra, que está aquí delante de tus ojos. Vemos que nuestro planeta está hecho para dar un gran viaje alrededor del sol por una orden divina, como su deber más importante –que hemos descrito en la Carta tres– en un modo tal que demuestra la grandeza de la majestuosidad Divina y la altura de la soberanía de la divinidad, la perfección de Su misericordia y sabiduría. Se la ha formado como un barco lleno de las maravillas del Arte divino, una morada de viaje y como una exhibición para que observen los conscientes siervos de Allah. Y la luna ha sido unida a ella con cálculos precisos de los poderosos casos de sabiduría, como si fuese un reloj de mano que nos da la hora. También se le dio a la luna varias mansiones a través de su viaje y por lo tanto, estos aspectos de nuestro bendito planeta prueban la necesaria existencia y unidad de un Poseedor de absoluto poder con un testimonio tan poderoso como el mismo globo terráqueo. Puedes hacer una analogía con el resto del sistema solar.
El sol gira sobre su propio eje como una rueda de hilar, hace un ovillo de hilos inmateriales llamado gravedad y ata a los planetas con ellos y los ordena. Del mismo modo, se impulsa junto con sus planetas a una velocidad que es igual a cinco horas de distancia en un segundo hacia -de acuerdo a un cálculo aproximado- la Constelación de Hércules o hacia el “sol de soles”. Esto ciertamente ocurre a través del poder y del mandato del Glorioso, el Monarca Eterno. Es como si le ordenara al sistema solar que hiciera estas maniobras tal como lo hace un pelotón de soldados bajo la orden de su general y así demuestra la majestad de Su dominación.
¡Oh tú, astrónomo! ¿Qué posibilidad tienes de interferir en estos asuntos? ¿Las manos de qué causas pueden alcanzarlos? ¿Qué fuerza puede acercarse a ellos? ¡Vamos, díganlo! ¿Podría un Glorioso Monarca
