Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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aceptará que pudiera levantarse sin un constructor; definitivamente necesita un maestro arquitecto. Además, dentro del edificio, las habitaciones auténticas toman forma y cambian a cada hora con el mayor orden y con facilidad, tal como si se cambiaran de ropa, o como si las escenas fueran traspasando una pantalla de cine. Podemos decir que incluso esas habitaciones pequeñas y numerosas se construyen constantemente en cada una de esas escenas.

De manera similar, el cosmos también requiere de un creador infinitamente sabio, omnisciente y todopoderoso. Porque el cosmos magnífico es un palacio que tiene el sol y la luna como sus lámparas y las estrellas como sus velas; el tiempo es como una soga o una cinta que cuelga dentro de él, sobre la cual el Creador Glorioso cada año teje un nuevo mundo. Y dentro del mundo, Él teje el hilo del tiempo, Él ubica trescientas sesenta formas frescas y ordenadas. Las cambia con sumo orden y sabiduría. Ha hecho que la faz de la tierra sea una mesa de bendiciones que Él adorna cada primavera con trescientas mil especies de la creación, que llena con innumerables tipos de regalos generosos. Esto Él lo hace de tal modo que todas se diferencian entre sí, bien separadas y distintas, a pesar de que están al mismo tiempo tan cerca y mezcladas. ¿Es posible pasar por alto la existencia del Creador de semejante palacio?

Nuevamente, negar la existencia del sol, en un día despejado al mediodía, cuando sus rastros son observados y su reflejo es visto en cada burbuja sobre la superficie del océano, en cada objeto brillante sobre la tierra seca, y en cada partícula de nieve; hacer semejante negación sería delirar como los desquiciados. Porque si alguien negara y se rehusara a aceptar la existencia de un sol único, estaría obligado a aceptar la existencia de todo una serie de soles menores, cada uno real y existente en su propia luz, tan numerosos como las gotas y burbujas del océano, tan innumerables como las partículas de la nieve. Sería necesario creer que cada partícula diminuta contiene un sol enorme, a pesar de que la partícula es lo suficientemente grande como para contenerse a sí misma. Sería un signo aún más grande de locura y de desvío si alguien rehusara su conformidad con los atributos de perfección del Creador Glorioso, incluso mientras se contempla el cosmos bien ordenado que cambia constantemente de manera sabia y regular, que se renueva sin cesar de manera disciplinada, también sería como los delirios de un lunático, ya que indicaría creer y aceptar que la divinidad absoluta está presente en todas las cosas, en cada partícula.

Porque cada partícula de aire de alguna manera es capaz de entrar y provocar sus efectos en cada flor, fruto y hoja, y, a menos que un Creador le confíe esta tarea a la partícula, debe saber por sí misma la estructura y

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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