Es como si todos los árboles florecientes fueran odas bellamente compuestas que hablan poéticamente a su manera y recita las alabanzas manifiestas del Glorioso Creador.
O, es como si todos los árboles florecientes hubieran abierto miles de ojos que observan y hubieran hecho que miles de otros se abrieran para contemplar, no con uno ni con dos sino con miles de ojos, las maravillas de arte del Glorioso Diseñador que son transmitidas y exhibidas y para que las personas atentas las observen también.
O, es como si todos los árboles florecientes hubieran embellecido sus verdes extremidades con los adornos más delicados para el momento de su desfile y para sus festivales particulares, el festival de la primavera en general, para que su Monarca Glorioso pueda contemplar los regalos, las maravillas sutiles y las obras de arte resplandecientes que Él les ha otorgado; y para que Él presente ante la mirada de la creación las instancias engalanadas de Su misericordia, en la primavera, y sobre la faz de la tierra, que es la exhibición del arte Divino; y para que Él proclame a la humanidad la sabiduría que hay en la creación del árbol.
Allah demuestra la perfección del poder Divino al mostrar qué tesoro tan importante cuelga de sus delicadas ramas y qué riqueza significativa existe en los frutos de Su generosidad misericordiosa.
La imaginación ve ángeles celestiales personificados en esos árboles con miles de flautas. De esas flautas, la conciencia oye las alabanzas del Siempre Viviente. Sus hojas tienen lenguas, y cada una recita la frase: ¡Es Él! ¡Es Él!
Esto significa: ¡Oh Eterno! ¡Oh Eterno! Ya que todas las cosas exclaman al unísono: No hay dios sino Allah, y buscan la Verdad, de principio a fin recitan: Oh, Allah,
“Y hacemos que del cielo caiga agua bendita con la que hacemos brotar jardines y las semillas que cosechan”. (Corán, 50:9) ∗∗∗
