Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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لَا شَرِيكَ لَهُ “No tiene copartícipes”; fue en la forma de una conversación alegórica y un debate imaginario que fuera comprensible para la gente común. Ahora estoy escribiendo esa conversación a pedido y por el deseo de mis más estimados hermanos que me asisten y de mis amigos de la mezquita: Es así.

Supongamos que una persona representa todas esas cosas que se asocian comúnmente a Allah y que los distintos tipos de idólatras imaginan que son reales. Estos idólatras son incrédulos y desviados que adoran a la naturaleza y a la causa-efecto, por ejemplo, y le asignan copartícipes a Allah. La persona ficticia quiere dominar a uno de los seres del universo y entonces dice ser su verdadero dueño.

Primero, ese mentiroso encontró una partícula, que es lo más pequeño de esos seres, y le habló con el idioma del naturalismo y la filosofía al decirle que él iba a ser su maestro y dueño verdadero. Pero la partícula le respondió con la lengua de la verdad y con la sabiduría de la dominación al decirle:

“Yo cumplo con innumerables tareas. Entro en muchas criaturas que son todas diferentes y hago mi trabajo en ellos. Y entre el sinfín de partículas como yo están las que se mueven de un lugar a otro [^2] y trabajan conmigo. Si tienes el conocimiento y el poder de encomendarme a todas esas tareas y la autoridad y la habilidad de emplear o de dominar a todos esas otras también, si es posible que seas el dueño verdadero que tiene el control total sobre los seres de los que yo formo parte en un orden completo, por ejemplo, sobre los glóbulos rojos, entonces puedes hacerte llamar mi maestro y puedes atribuirme a otro que no sea Allah Todopoderoso. Pero si no puedes hacer todas estas cosas, entonces ¡cállate!

[^2]:Ciertamente cada objeto que está en movimiento, desde las partículas diminutas hasta los planetas, muestra en sí mismo la marca del Eterno Suplicado y de la Unidad. Asimismo, por su movimiento, cada uno toma posesión de todos los lugares por donde viaja en el nombre de la unidad, y así los incluye en los bienes de su propio dueño. En cuanto a esas criaturas que no están en movimiento, cada una de ellas, desde las plantas hasta las estrellas que están fijas, es como un sello de Unidad que muestra que el lugar donde se encuentra es una misiva de su propio Creador. Es decir que cada flor y cada fruta son una marca y un sello de Unidad que demuestra, en el nombre de la Unidad, que su hábitat y su lugar de origen es la misiva de su Creador. En resumen, cada objeto toma posesión de todas las cosas a través de su movimiento en el nombre de la Unidad. Es decir, quien no tiene todas las estrellas en sus manos no puede tener dominio sobre una simple partícula.

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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