Por un instante, el ser humano se olvida del mundo oculto, desahoga sus infortunios en el Tribunal de Piedad con el llanto de su corazón y, por si acaso, antes de dormir -el sueño se parece a la muerte- realiza su último deber de adoración. Con el fin de cerrar favorablemente el registro diario de sus acciones, reza; es decir, se prepara para entrar en la presencia del Eterno Amado y Adorado en lugar de adorar a todos los mortales que él ama prefiriendo al Todopoderoso y Generoso, opta por ser salvado del daño de los seres malignos ante los cuales él tiembla y solicita ayuda a su Señor Protector y Clemente, en lugar de todas las criaturas impotentes a las que podría pedirles refugio.
Comienza con la Sura Al Fatiha, es decir, en vez de ser obligado a pecar y a elogiar a criaturas ansiosas que no estarán satisfechas, enaltece y ofrece alabanza al Señor de Todos los Mundos, Quién es Absolutamente Perfecto, Completamente Autosuficiente, el Más Clemente y Generoso.
Entonces prosigue en la dirección: ﴾ اِيَّاكَ نَعْبُدُ ﴿ “Sólo a Ti te adoramos.” Es decir, que a pesar de su pequeñez, insignificancia y soledad, por medio de la unión del ser humano con el Dueño del Día del Juicio -que es el Eterno Soberano- se llega a un rango donde se es un huésped complacido en el universo y un oficial importante. Declarando:
﴾ اِيَّاكَ نَعْبُدُ وَ اِيَّاكَ نَسْتَع۪ينُ ﴿ “Sólo a Ti Te adoramos, sólo en Ti buscamos ayuda”, la persona se presenta a Allah en nombre de todas las criaturas de la adoración y pide la ayuda para la enorme congregación y la vasta comunidad del universo. Diciendo:
﴾ اِهْدِنَا الصِّرَاطَ الْمُسْتَق۪يمَ ﴿ “Guíanos por el Camino Recto”, pide ser dirigido por el Camino Recto, el cual conduce hacia el camino luminoso de la felicidad eterna.
Y ahora, piensa que la fuerza del Glorioso -quien hace que las plantas y animales, los soles escondidos y las estrellas sean soldados subyugados a su mando- sean lámparas y siervos en esta pensión del mundo que al pronunciar: Allahu Akbar “Allah es el más Grande”, se inclinan (en el rezo).
Piensa en la gran postración de todas las criaturas, es decir, cuando a la orden de:
