También, miles de eruditos precisos y cultos de mucha inteligencia han escrito, cada uno, comentarios explicando el Corán, algunos de los cuales son de treinta, cuarenta, o hasta setenta volúmenes, mostrando y demostrando a través de pruebas y argumentos las calidades innumerables, las precisiones, las características, los misterios, elevados significados y numerosas indicaciones concernientes a cada clase de materia escondida e invisible en el Corán. Y las ciento treinta partes de Risale-i Nur en particular, cada una de las cuales demuestran con argumentos decisivos un mérito, una expresión que tiene un significado sublime del Corán. Cada parte de él, como el Milagroso Corán, y la Segunda Estación de la Palabra Veinte. Esta deduce muchas cosas del Corán acerca de las maravillas de la civilización como el ferrocarril y el avión, y el Rayo Uno, llamado Signos del Corán, que hace conocidas las indicaciones de aleyas que aluden a Risale-i Nur y a la electricidad. Los ocho tratados cortos de Risale-i Nur llamados Los Ocho Símbolos, que muestran qué bien ordenadas, llenas de sentido y misteriosas son las palabras del Corán. El pequeño tratado probando Risale-i Nur, en cinco aspectos, lo milagroso de las al final de la Sura Al-Fath (La Sura de la Conquista) en cuanto a sus noticias de lo Invisible– cada parte del Risale-i Nur muestra una verdad, una luz del Corán. Todo esto forma un sello que confirma que el Corán no tiene símil, es un milagro y una maravilla, que es la lengua del Mundo de lo Invisible en el Mundo Manifiesto y la Palabra de Un Omnisciente de lo Invisible.
Así, debido a estas cualidades y características del Corán indicadas arriba en seis puntos, seis aspectos y seis niveles, su soberanía luminosa, poderosa y sagrada ha seguido con perfecto esplendor la iluminación de las caras de los siglos y la cara de la tierra por su parte mil trescientos años. Y también debido a estas cualidades del Corán cada una de sus letras está ganando distinción sagrada de ceder al menos diez recompensas, diez méritos y diez frutas eternas, y las letras de cientos de aleyas y suras cediendo cien, mil frutas, o más y en tiempos benditos la luz, recompensa, y valor de cada letra que se eleva de diez a cien. El viajero por el mundo entendió esto y le dijo a su corazón:
“El Corán, que es milagroso en todos los sentidos, por el consenso de sus suras, el acuerdo de sus aleyas, el acuerdo de sus luces y misterios, y el acuerdo de sus frutas y trabajos, con sus evidencias en forma de pruebas declara la existencia, unidad, atributos y Nombres de Un Solo Necesariamente Existente, que es desde su testimonio, el testimonio interminable de todos los creyentes que habían surgido”
