Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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ayuda en Él y a través de la inclinación mostrar toda nuestra falta de poder ante su Gloria y Grandeza, proclamar la admiración, amor y humildad que uno siente. Aquel que no reconoce esto, no es un ser humano pleno.

En cuanto al tiempo de Asr por la tarde, se asemeja a la melancólica estación del otoño, al sombrío estado de la vejez y al triste período en el tiempo final. Es cuando los asuntos del día llegan a sus conclusiones, el momento en que las bendiciones Divinas que se han recibido durante el día como salud, bienestar, y beneficios se han acumulado para formar un todo. El tiempo que muestra al poderoso sol que comienza a ponerse; el tiempo que anuncia que el ser humano es un huésped oficial y que todo es transitorio e inconstante.

Ahora, el alma maligna del ser humano desea y fue creada para la eternidad. Adora la benevolencia y se entristece por la separación. Es por esto que, si es un humano con sabiduría, podrá entender qué tarea más exaltada, qué servicio más apropiado, qué camino más adecuado para pagar una deuda innata, qué felicidad más agradable es realizar el rezo de la tarde, porque ofrecer súplicas en el Tribunal Eterno del Infinito Omnisciente -el Subsistente Por Sí Mismo Eternamente- significa tener refugio en la gracia de la infinita Misericordia a través de los agradecimientos y alabanzas por las innumerables bendiciones. Rezar en la presencia de su grandeza por medio de las inclinaciones delante su Poder y postrarse en absoluta humildad delante de lo interminable de Su Divinidad, permitirá encontrar la verdadera consolación y tranquilidad del alma.

El tiempo de Magrib en la puesta de sol hace recordar la desaparición y la triste despedida de las delicadas y lindas criaturas del verano y el otoño al comienzo del invierno. También, se asemeja a cuando el ser humano muere y deja todo lo que ama en la triste despedida y entra en la tumba. Nos recuerda la muerte de este mundo entre las angustiosas convulsiones que harán emigrar a todos sus habitantes a otros mundos y la lámpara de este lugar de donde somos puestos a prueba será apagada. Es el tiempo en que se dará un severo aviso a aquellos que adoran las cosas transitorias y efímeras.

Así, en el lapso del rezo de Magrib, el espíritu del ser humano, que por naturaleza es un reflejo deseoso del Eternamente Bello, se vuelve hacia el trono de poder absoluto del Imperecedero Eterno, el Único Señor Quien realiza estas obras poderosas, gira y transforma estos enormes mundos. Declara Allahu Akbar ‘Allah es Supremo’ y se aleja de todo lo transitorio; junta sus manos al servicio de su Señor y entrando en la presencia del Eterno Señor dice: Alhamdulillah ‘Todas las alabanzas sean

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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