preservación, este equilibrio y esta reunión son características que por cierto no están presentes en las obras del ser humano ni en los productos del pensamiento de las eminencias de la humanidad. No se encontrará en ninguna parte de las obras de los evliyas que han penetrado a la faz interna de los seres, que considere a su Creador, ni en los libros de los Ishraqiyyun, que han pasado al significado interno y oculto de las cosas, ni en el conocimiento de los seres espirituales que ha penetrado el Mundo de lo Oculto. Como si hubieran practicado una división de tareas, es como si cada grupo adhiriese sólo a una o dos ramas del poderoso árbol de la realidad; cada uno se mantiene ocupado sólo con su fruto o sus hojas. No saben nada de los otros o bien no les interesa.
La realidad absoluta no se comprende con puntos de vista restringidos. Se necesita una mirada universal como el Corán para comprenderla. Por cierto son instruidas por el Corán, pero con una mente particular sólo pueden ver por completo a uno o dos lados de la realidad universal, están preocupados y encarcelados en ellos. Arruinan el equilibrio de la realidad ya sea por el exceso o la deficiencia, y estropean su proporción y armonía. Esta verdad se explicó con una comparación inusual en la Segunda Rama de la Palabra Veinticuatro, y ahora señalaremos al asunto con otra comparación.
Por ejemplo, supongamos que hay un tesoro bajo el mar, lleno de joyas innumerables de varios tipos. Los buceadores están sumergiéndose en las profundidades para buscar las joyas de ese tesoro. Ya que sus ojos están cerrados, comprenden lo que hay allí por el uso hábil de sus manos. Un diamante bastante largo llega a las manos de uno de ellos. El buceador asume que todo el tesoro consiste de un diamante largo como un pilar. Cuando oye sobre otras joyas de sus compañeros, imagina que son secundarias del diamante que él ha encontrado y que son facetas y adornos de él. A la mano de otro llega un rubí redondo, mientras que otro encuentra un pedazo cuadrado de ámbar; así sucesivamente, cada uno de ellos cree que la joya que ve con sus manos es la parte esencial y principal del tesoro, y supone que las cosas sobre las que oye son partes adicionales y detalles de ella. Entonces luego el equilibrio de las verdades se arruina, y la proporción mutua también se estropea. El color de muchas verdades cambia, y para ver el verdadero color de la realidad se ven obligados a recurrir a una interpretación forzada y explicaciones elaboradas. A veces incluso llegan a la negación y al rechazo. Cualquiera que estudia los libros de los filósofos Ishraqiyyun y las obras de los sufíes que se apoyan en iluminaciones y visiones sin pesarlas en la balanza de la Sunna confirmarán sin duda esta afirmación nuestra. Es decir, a pesar de que sus obras involucran verdades similares a aquellas del Corán y se toman de las enseñanzas del Corán, porque no son del Corán, son defectuosas de ese
