Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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letras del libro del universo, y no le dan ninguna importancia a su significado. Mientras que el Corán mira al mundo como efímero, pasajero, engañoso, viajero, inestable y que pasa por revolución. Habla brevemente de la naturaleza de los seres y de sus características superficiales y materiales, pero menciona en detalle los deberes de adoración que tienen a cargo por orden del Creador, y cómo y en qué sentidos señalan a Sus Nombres y su obediencia ante las órdenes Divinas de la creación. En consecuencia, miramos las diferencias entre la filosofía humana y la sabiduría Coránica con respecto a este asunto, el de mirar a las cosas ya sea brevemente o en detalle, y vemos cuál es la pura verdad y la realidad.

Un reloj en nuestra mano parece ser constante, pero su interior está en perpetua agitación por el movimiento de los funcionamientos y la angustia constante de las ruedas dentadas y las partes. De la misma manera, junto con su estabilidad aparente, este mundo, que es un reloj enorme de poder Divino, está permanentemente girando dentro de agitaciones y cambios, de trascendencia y evanescencia. Por cierto, ya que el tiempo ha entrado en el mundo, la noche y el día son como una aguja de dos cabezas que cuenta los segundos de ese inmenso reloj. Los años son como una aguja que cuenta sus minutos, mientras los siglos cuentan sus horas. Así, el tiempo arroja al mundo sobre las olas de la muerte y declina. Asigna todo el pasado y el futuro de la inexistencia, dejando existir sólo al presente.

Junto con esta forma que el tiempo le da al mundo, con respecto al lugar también es como un reloj inestable que sufre revoluciones. Porque ya que el espacio de la atmósfera cambia velozmente y con rapidez pasa de un estado a otro al ser llenado y vaciado con nubes en ocasiones varias veces por día, causa cambios como una aguja que cuenta los segundos. Y es lugar de la tierra, que es como el piso de la casa del mundo, ya que con vida y muerte y los animales y las plantas su faz cambia muy rápidamente, como una aguja que marca los minutos muestra que este aspecto del mundo también es efímero. Y tal como la tierra es así con respecto a su faz, así también con las revoluciones y agitaciones dentro de ella, y las montañas que emergen como resultado y que desaparecen, este aspecto del mundo está pasando lentamente también, como una aguja que marca las horas. Y al cambiar como los movimientos de los cuerpos celestes, la aparición de los cometas, los casos de eclipses solares y lunares, y la caída de estrellas; el lugar de los cielos también, que es como el techo de la casa del mundo, muestra que los cielos tampoco son estables ni constantes, sino que van progresando hacia la ancianidad y la destrucción. Su cambio es lento y tardío como la mano que cuenta los días en un reloj semanal, pero en todo sentido demuestra que es efímero, pasajero y que se dirige a la destrucción.

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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