وَرَبِّ الْاَرَضِينَ ❀ رَبِّ الْعَالَمِينَ وَلَهُ الْعَظَمَةُ فِي السَّمٰوَاتِ وَالْاَرْضِ وَهُوَ الْعَزِيزُ الْحَكِيمُ ❀ وَلَهُ الْمُلْكُ رَبُّ السَّمٰوَاتِ وَهُوَ الْعَزِيزُ الْحَكِيمُ
Todas las alabanzas sean para Allah, Sustentador de los cielos y Sustentador de la tierra. Sustentador de todos los mundos, Suyo es el poder en los cielos y en la tierra, y Él es el Poderoso, el Sabio. Todas las alabanzas sean para Allah, Sustentador de los cielos y Sustentador de la tierra, Sustentador de todos los mundos, y Suya es la sublimidad de los cielos y de la tierra, y Él es el Poderoso, el Sabio. Y Suya es la soberanía, Sustentador de los cielos, y Él es el Poderoso, el Sabio.
Lo que más atrajo la atención de los injustos y de los descuidados son las narraciones como estas. La realidad es:
Con nuestra mente estrecha y nuestros cortos puntos de vista en este mundo, sabemos cuánto imaginamos que son las recompensas de Moisés y Aarón (la paz sea con ellos). La recompensa que el Absolutamente Compasivo le dará a uno de Sus siervos infinitamente necesitado en el mundo de la eternidad y felicidad duradera, a cambio de una sola invocación puede igualarse a la recompensa de aquellos dos, pero se iguala a las recompensas como las concebimos y suponemos que son.
Por ejemplo: Un hombre primitivo y burdo que nunca ha visto al rey y no sabe de la majestuosidad de su gobierno, se imagina un señor en un pueblo, y con sus ideas limitadas piensa que el rey es una versión más exaltada que el señor. Hace mucho tiempo incluso con nosotros hubo una tribu ingenua que solía decir: “Nuestro señor sabe lo que el Sultán hace mientras cocina su sopa en una cacerola”; se imaginaban al Sultán en una situación tan estrecha y en una forma tan común como cocinando su propia sopa de trigo; imaginaban que él tenía la majestuosidad de un capitán. Ahora, si alguien le dijera a esa tribu: “Si haces este trabajo para mí hoy, te daré tanta majestuosidad como crees que tiene el Sultán, y te daré un rango tan alto como un capitán”. Decir esto está bien, porque de la majestuosidad del reinado, lo que entra dentro de los estrechos límites de sus ideas es sólo la majestuosidad de un capitán.
Así, con nuestros puntos de vista mundanales y nuestras mentes estrechas, no podemos pensar tanto como ese hombre primitivo sobre las recompensas que miran hacia el Más Allá. No es equivalente de las verdaderas recompensas de Moisés y de Aarón (p.), porque según la regla de los símiles y las comparaciones, lo desconocido se compara con lo conocido; la verdadera recompensa, que es desconocida, porque una
