cosas: ﴾ قُلْ هُوَ اللّٰهُ اَحَدٌ ﴿ Kulhu wallahu Ahad “¡Di: Él es Allah, el Único!”; su lengua debería pronunciar y proclamar:
لَٓااِلٰهَاِلَّاهُوَ بَرَابَرْ مِي زَنَدْ عَالَمْ “Todo el mundo declara: ¡No hay dios sino Él!”. Así, a través del decreto de:
﴾ اَللّٰهُ لَٓااِلٰهَ اِلَّاهُوَ لَهُ الْاَسْمَٓاءُ الْحُسْنٰى ﴿ “Allah, no hay dios sino Él, Suyos son los nombres más hermosos”, el Corán señala estas verdades que hemos mencionado.
Si quieres observar de cerca estas verdades elevadas, ve y pregúntale al mar tormentoso o a la tierra cuando tiembla: “¿Qué estás diciendo?”. Oirás que están diciendo: “¡Oh, Glorioso! ¡Oh, Glorioso! ¡Oh, Poderoso y Compulsivo!”. Luego pregúntale a los animales pequeños y a sus crías que crecen con bondad y compasión en el mar y en el suelo: “¿Qué están diciendo?”. Seguramente responderán: “¡Oh, Bello! ¡Oh, Bello! ¡Oh, Compasivo y Misericordioso!” [^2]. Luego oye a los cielos; ellos dicen: “¡Oh,
[^2]:Incluso, un día observe a los gatos; todo lo que hacían era comer, jugar y dormir. Me pregunté: ¿cómo es que estos pequeños monstruos que no cumplen ninguna tarea son reconocidamente bendecidos? Más tarde, me acosté a dormir a la noche. Miré; uno de los gatos había venido. Se acostó sobre mi almohada y puso su boca en mi oído, y murmuró: Ya Rahim Ya Rahim “¡Oh, Compasivo! ¡Oh, Compasivo!” de manera muy clara y en mi cara, como si refutara en nombre de su especie la objeción y el insulto que se me había ocurrido. Luego se me ocurrió lo siguiente: me pregunto si esta recitación es particular a este gato, o será en general entre los gatos. Y, ¿es sólo un objetor injusto como yo quien lo oye o cualquiera que escuche con cuidado puede oírlo? A la mañana siguiente escuché a los otros gatos; no con tanta claridad, pero con algunas variantes estaban repitiendo la misma invocación. Primero, “¡Oh, Compasivo!” se llegaba a discernir después de sus ronroneos. Luego, gradualmente sus ronroneos y maullidos se volvieron iguales a “¡Oh, Misericordioso!” Se convirtió en una recitación no articulada, elocuente y triste. Cerraban sus bocas y pronunciaban un delicado “¡Oh, Compasivo!”. Les relaté la historia a los hermanos que me visitaban, y ellos escucharon con cuidado también, y dijeron que lo oyeron hasta cierto punto. Más tarde me pregunté cuál era la característica especial de este Nombre, y por qué lo recitaban como los humanos y no en la lengua de los animales. Luego le comunicó a mi corazón que ya que estos animales son muy delicados y mimados como niños y son amigos de los seres humanos, necesitan de mucha bondad y compasión. Cuando se los acaricia y se les presta atención como a ellos les gusta, como alabanza y agradecimiento por la bendición, no como los perros, ellos lo proclaman la misericordia de su Creador Compasivo en sus propios mundos. Ellos le advierten a los seres humanos en el sueño del descuido, y a través de su grito de “¡Oh, Compasivo!”, ellos le recuerdan a aquellos que adoran las causas de Quién es que viene esa ayuda y de Quién se debe esperar la misericordia.
