Lo miré, pero mi espíritu no estaba de acuerdo con eso.
Entonces él dijo:“Un tercio, pues.”
Aún así, mi espíritu no lo aceptó.
Entonces él dijo: “Un cuarto.”
Pero mi espíritu no podía abandonar el mal hábito al cual ya era adicto, entonces el hombre se dio la vuelta enfadado y se fue.
De pronto, la escena cambió. Vi que yo estaba en un tren que descendía rápidamente por un túnel. Me asusté pero no podía hacer nada, no me podía escapar a ningún lado. Extrañamente, flores atractivas y frutas tentadoras aparecieron a ambos lados del tren. Y yo, como un tonto sin experiencia, las miré y estirando mi mano traté de tomarlas. Pero ya que estas flores y frutas tenían espinas que rasgaron e hicieron sangrar mis manos. Con el movimiento del tren mis manos resultaron heridas y me dolían mucho.
De pronto, el guarda del tren me dijo: “Dame cinco monedas de oro y te daré cuantas flores y frutas quieras. Te has causado daño por un valor de cien monedas de oro rasgando tu mano, mucho más de lo que yo te pido. Además hay un castigo, no puedes tomarlas sin permiso”.
Con angustia saqué mi cabeza por la ventanilla del tren, y miré hacia adelante para ver cuánto faltaba para terminar. Vi que, a la salida del túnel aparecían muchos agujeros a donde muchas personas eran arrojadas desde el tren. Vi un agujero en frente mío con una lápida. La miré sorprendido porque vi mi nombre escrito sobre la lápida: “Said”. Absolutamente sorprendido, dije “¡Ay!”. Después, escuché, de pronto, al hombre que me había dado consejos en la puerta del hospedaje.
Me dijo: “¿Ya te has dado cuenta?”
Dije: “Sí, me he dado cuenta, pero ya es demasiado tarde”.
Entonces dijo: “Arrepiéntete, y encomiéndate a Allah”.
Le respondí que así lo hice. Entonces me desperté y me vi como un nuevo Said, el anterior ya había desaparecido.
Y esa fue mi visión. ¡Que Allah cause un bien de ella! Yo interpretaré una o dos partes y luego tú puedes interpretar el resto.
El viaje era el trayecto que se recorre desde el mundo de los espíritus, al vientre de la madre, de la juventud, a la ancianidad, del cementerio, a la región intermedia, de la resurrección (pasando por el puente), a la eternidad. Las sesenta piezas de oro son sesenta años de la vida y estimo
