Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
Página 386 de 909
386

facultades maravillosas dadas al ser humano no son para su vida mundana insignificante, sino para una vida eterna de gran significación, porque si comparamos al ser humano con los animales, vemos que el ser humano tiene cien veces más facultades que los animales. Pero con respecto a los placeres mundanales, el ser humano desciende cien veces más abajo que los animales, porque por cada placer que recibe, hay una huella de mil dolores. Los dolores del pasado y miedos del futuro, y el dolor de cada placer estropea lo que ha gozado con él, y deja una huella en su placer. Pero los animales no son así. Ellos reciben placeres sin dolores. Tienen gozo sin pena. Ni las penas del pasado les hacen sufrir, ni los miedos del futuro los angustian. Viven en paz y dan gracias a su Creador.

Entonces el ser humano, que se creó con el valor de los modelos más excelentes, si restringe su mente a esta vida mundana, descende cien veces por debajo de un animal como el gorrión aunque respecto a su capital el humano sea cien veces superior. En otra ocasión ya había explicado esta verdad por medio de una comparación. Es el momento de volver a explicarla.

Un hombre le da diez piezas de oro a uno de sus sirvientes y le ordena que se haga un traje de una tela en particular. A otro sirviente le da mil piezas de oro y una brújula -con una nota escrita- que le pone en el bolsillo y lo envía al mercado. El primer sirviente compra un traje excelente con las diez piezas de oro. El segundo sirviente, por descuido, viendo al primer sirviente, sin leer la nota de la brújula que tiene en su bolsillo, da las mil piezas de oro a un tendero y pide un traje. El tendero, deshonesto, le da un traje de la peor calidad. Este irresponsable sirviente, se lo entregó a su señor y recibió una reprimenda y un castigo terrible. Así, hasta el menos inteligente entiende que las mil piezas de oro dadas al segundo sirviente no sólo eran para comprar un traje, sino para negociar algo más importante.

Por lo tanto, cada órgano y facultad sutil del ser humano ha crecido a un nivel cien veces más amplio que el de los animales. Por ejemplo: Reflexiona sobre las facultades del ser humano, como los ojos que pueden discernir todos los grados de la belleza, o como la lengua, que con el gusto puede distinguir todas las variedades de sabores particulares de los alimentos, o como su mente, que puede analizar los puntos más profundos de realidad, o como su corazón, que suspira por toda clase de perfección; y luego reflexiona sobre los órganos extremadamente simples de los animales que sólo se han desarrollado en uno o dos grados. Existe sólo esta diferencia: en los animales, una facultad específica para una

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

Visite el sitio del simposio para el programa, las ponencias y la inscripción.