La tumba está allí y nadie la puede negar. Quieran o no, todos deben entrar en ella. Y además tendrán que entrar de estas tres ‘maneras’. No hay otra forma en que se puedan aproximar:
Primera manera: Para aquellos que creen, la tumba es la puerta hacia un mundo lejano pero mejor.
Segunda manera: Para quienes creen en el más allá, pero se acercan al camino de la disipación y la desviación, es la puerta de una prisión de confinamiento solitario, un calabozo eterno en donde serán separados de todos sus seres queridos.
Tercera manera: Para los incrédulos y los desviados que no creen en el más allá, es la puerta hacia la extinción eterna. Es decir, es la horca en la que se ejecutarán ellos mismos y sus seres queridos. Por pensar de este modo, experimentarán la tumba exactamente de esa manera, como un castigo.
Estas dos últimas formas son evidentes, no requieren ninguna prueba, pueden ser vistas por todos. Debido a que la hora señalada es secreta, y la muerte puede venir en cualquier momento y le cortará la cabeza sin diferenciar entre joven o viejo, el hombre desdichado teniendo por delante un asunto perpetuo, sorprendente y serio, seguramente buscará los medios para salvarse del la extinción eterna y del confinamiento sin fin y para transformar la puerta de la tumba en una entrada hacia un mundo eterno, de luz y de felicidad infinita. Será un interrogante tan grande como este mundo.
Entonces, uno puede aproximarse al hecho de la muerte de estas tres maneras. Anteriormente, ciento veinticuatro mil mensajeros veraces –los profetas, en cuyas manos se realizaron milagros como signos de confirmación- anunciaron las tres formas mencionadas. Y confiando en sus iluminaciones y visiones, ciento veinticuatro millones de piadosos confirmaron y legitimaron las noticias de los profetas. Innumerables eruditos han testificado racionalmente esto con pruebas categóricas en grado de ‘certeza en el nivel del conocimiento’ [^14]. Por unanimidad declararon que existía un noventa y nueve por ciento de probabilidad verdadera, diciendo: “la única forma de salvarse de la extinción, de la prisión eterna y ser llevados hacia la eterna felicidad, es a través de la fe y la obediencia a Allah”.
[^14]:Uno de estos es Risale-i Nur. Y es para que lo vea todo el mundo.
Si una persona considera pero no presta atención a las palabras de un único mensajero que le advierte no tomar un camino peligroso en el
