Entonces el Rey mostró el Corán escrito y enjoyado artísticamente a un filósofo europeo y a un erudito musulmán. Para ponerlos a prueba y recompensarlos, les ordenó: “Cada uno de ustedes escriba una obra sobre la sabiduría y los propósitos de esto”. Primero, el filósofo, luego el erudito compusieron un libro sobre él. Sin embargo, el libro del filósofo se trató sólo de las decoraciones de las letras y sus relaciones y condiciones, de las propiedades de las joyas, las cuales describió. No tocó el tema de su significado para nada, porque el europeo no tenía ningún conocimiento de la escritura árabe. Ni siquiera sabía que el Corán embellecido era un libro, una pieza escrita que expresa significado. Más bien lo observó como una antigüedad ornamentada. No sabía nada de árabe, pero era muy buen ingeniero, describía las cosas muy correctamente, era un químico habilidoso, un joyero ingenioso. Entonces este hombre escribió su obra acorde a esas habilidades.
En cuanto al erudito musulmán, cuando vio al Corán, comprendió que era el Libro Claro, el Sabio Corán. Esta persona, amante de la verdad no le dio importancia a los adornos externos ni se ocupó de las letras ornamentadas. Se ocupó con algo que era un millón de veces más alto, más elevado, más sutil, más noble, más beneficioso, más abarcativo que los asuntos de los que se había ocupado el otro hombre. Para discutir las verdades y las luces sagradas de los misterios debajo del velo de las decoraciones, escribió un comentario verdaderamente delicado.
Luego los dos hombres llevaron sus obras y las presentaron al Ilustre Rey, el cual tomó primero la obra del filósofo. La miró y vio que el hombre egocéntrico y adorador de la naturaleza había trabajado muy duro, pero no había escrito nada de sabiduría verdadera. No había comprendido nada de su significado. Más bien, lo había confundido y le había faltado el respeto, e incluso había sido maleducado al suponer que la fuente de las verdades, el Corán, era una decoración sin sentido, lo había insultado al considerarlo sin valor con respecto al significado. Entonces, el Rey Sabio le golpeó la cabeza con su obra y lo echó de su presencia.
Luego miró la obra del otro erudito escrupuloso y amante de la verdad, vio que era un comentario extremadamente delicado y beneficioso, una composición muy sabia llena de guía. “¡Felicitaciones! ¡Que Allah te bendiga!”, le dijo. Así, la sabiduría es ésta y aquel que la posee se llama culto y sabio. En cuanto al otro hombre, era un artesano que había excedido su marca. Entonces como recompensa por el trabajo del erudito, ordenó que a cambio de cada letra le dieran diez piezas de oro de su tesoro inagotable.
Si has comprendido la comparación, ahora observa y ve la realidad:
