cerca de veinte años donde había estudiado con mis alumnos valiosos, cuando los lugares que ahora estaban en ruinas ante mis ojos eran florecientes y felices, surgieron a la vida ante mí, como películas en el cine, luego murieron y se desvanecieron. Esto continuó ante el ojo de mi imaginación por algún tiempo.
Luego me sentí asombrado por el estado de los mundanales, ¿cómo es que se engañan a sí mismos? Porque la situación allí mostró claramente que este mundo es transitorio y que los seres humanos son huéspedes dentro de él. Vi con mis propios ojos qué verdaderas son las palabras que la gente de la realidad repite constantemente: “El mundo es cruel, traicionero, malo: ¡no se engañen con él!” Y también vi que tal como el ser humano está conectado con su propio cuerpo y su hogar, así también está conectado con su pueblo, su país, por cierto, con el mundo. Porque mientras lloraba con mis dos ojos por la ancianidad lamentable con respecto a mi cuerpo, quería llorar con diez ojos no sólo por la ancianidad de mi medrese sino por su muerte. Y sentí la necesidad de llorar con cien ojos por mi bella tierra natal que estaba medio muerta.
Afirma un Hadiz que cada mañana un ángel exclama:
لِدُوا لِلْمَوْتِ وَابْنُوا لِلْخَرَابِ “Ustedes vienen al mundo y nacen para morir y construyen edificios para ser destruidos”. Escuchaba esta verdad no con mis oídos, sino con mis ojos.
Diez años más tarde, aún lloraré cuando imagine esa situación, de la misma manera que me hizo llorar en ese momento. Sí, las ruinas de las casas el pie del antiguo fuerte, de miles de años de antigüedad, y el pueblo que envejecía ocho años en ochocientos años y la muerte de mi medrese, que había florecido y había sido el lugar de encuentro de amigos, todo indicaba lo vasto del cadáver inmaterial de todas las medreses del Imperio Otomano, que habían muerto; el gran monolito del fuerte de Van se había vuelto una lápida de todos ellos. Fue como si mis alumnos que habían estado junto a mí en la medrese ocho años antes estuvieran llorando en sus tumbas junto conmigo. Por cierto las paredes arruinadas del pueblo y sus piedras desparramadas estaban llorando junto conmigo. Los vi como si lloraran.
Entonces comprendí que no podría soportar este alejamiento en mi tierra natal. Pensé que debería unirme a ellos en la tumba o bien retirarme a una cueva en las montañas y esperar mi muerte allí. Me dije a mí mismo:
“Ya que en este mundo existen separaciones insoportables y dolorosas que quiebran la paciencia y resistencia, la muerte es preferible a la vida. Los dolores de la vida como estos no se pueden soportar”.
Luego eché un vistazo sobre los seis aspectos y los vi todos oscuros. La negligencia que surge de mi intenso dolor me mostró el mundo como terrorífico, vacío, desolado y casi colapsando sobre mi cabeza. Mi espíritu buscó un punto de apoyo frente a las innumerables calamidades hostiles. Sus deseos interminables que se estiran hasta la eternidad estaban buscando algo que los satisficiera. Mientras esperaba consuelo frente a la pena y al dolor que surgían de aquellas interminables separaciones y muertes, esa devastación interminable, de repente la realidad se manifestó de las aleyas del Sabio Corán:
