Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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Antes que nada, fui a visitar mi medrese en Van, el Horhor. Vi que los armenios lo habían arrasado durante la ocupación rusa, como al resto de los edificios de Van. Estaba justo debajo y adyacente al famoso fuerte de Van, que es un gran monolito como una montaña. Mis verdaderos amigos, hermanos y alumnos cercanos de la medrese estaban encarnados ante mis ojos. Algunos de aquellos alumnos abnegados se habían convertido en mártires reales, mientras que otros habían muerto debido a esa calamidad y se habían convertido en efecto en mártires.

No pude evitar ponerme a llorar. Trepé hasta la cima del fuerte que miraba hacia la medrese, hasta las torres sobre él a una altura de dos minaretes y me senté. Regresé con mi imaginación siete u ocho años atrás. Teniendo una imaginación poderosa, deambulé por esa época con mi mente. No había nadie alrededor que me distrajera de esas imaginaciones y me trajeron de regreso de esa época porque estaba solo. Ya que mi punto de vista de aquellos siete u ocho años se expandió, vi un cambio como si hubiera pasado un siglo. Vi que el pueblo al pie del fuerte había sido incendiado y destruido por completo. Lo miré con tanta tristeza que fue como si desde el momento en que lo había visto hasta cuando estaba mirándolo, hubieran pasado doscientos años. La mayoría de la gente de aquellas casas habían sido mis amigos y conocidos. La mayoría de ellos habían muerto en las migraciones, que Allah tenga misericordia sobre ellos, o se habían ido a un alejamiento desdichado. Excepto por el cuartel armenio, todas las casas musulmanas de Van habían sido arrasadas. Mi corazón estaba lacerado profundamente. Estaba tan afectado que si hubiera tenido mil ojos, todos hubieran llorado al mismo tiempo. Había regresado a mi tierra natal desde el extranjero; había pensado que me había salvado del alejamiento. Pero, ¡ay!, el alejamiento más lamentable lo experimenté en mi tierra natal. Vi que cientos de mis alumnos y amigos a quienes había estado muy apegado, como AbdurRajman en la Duodécima Esperanza, habían entrado a la tumba y que todos sus lugares estaban en ruinas.

Había algunas líneas que habían estado por mucho tiempo en mi mente, pero no había comprendido su verdadero significado. Ahora, ante esa escena triste, comprendí su significado por completo. Las líneas eran estas:

لَوْلَا مُفَارَقَةُ الْاَحْبَابِ مَا وَجَدَتْ لَهَا الْمُنَايَا اِلٰى اَرْوَاحِنَا سُبُلًا

“Si no hubiera separación de los amigos, la muerte no podría encontrar el camino hacia nuestros espíritus para que pudiera llegar a ellos”. Es decir, lo que más mata al ser humano es la separación de los amigos. Sí, nada me había provocado tanto sufrimiento y dolor, ni me había hecho llorar como esa situación. Si la ayuda no hubiera venido del Corán y de la fe, ese dolor, pesar y sufrimiento hubiera hecho que mi espíritu volara.

Desde antaño, en sus versos, los poetas han lamentado la destrucción con el tiempo de los lugares en donde habían estado junto a sus seres queridos. Y había visto esto de la manera más dolorosa con mis propios ojos. Con el pesar de alguien que pasa por la morada de sus amigos queridos después de doscientos años, mi corazón y espíritu se unió a mis ojos y todos lloraron juntos. Entonces una a una las escenas felices de la vida que habían pasado durante

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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