Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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felicidad eterna que evidentemente requiere que uno acepte la existencia del Más Allá como este mundo. [^2]

[^2]:La facilidad de narrar un asunto definido y la dificultad de negarlo se puede ver en la siguiente comparación: si una persona dice: “Hay un jardín maravilloso sobre la tierra cuyos árboles tienen frutos que son latas de leche”, y otro dice: “No, no lo hay”, quien lo afirma sólo tiene que señalar su lugar o alguno de sus frutos para demostrarlo fácilmente. Mientras que quien lo niega sólo puede demostrar su negación y su reclamo al ver y mostrar toda la faz de la tierra. De exactamente la misma forma, sin contar los cientos de miles de signos, frutos y marcas del Paraíso que quienes dan noticias han señalado, el testimonio de dos testigos veraces de su existencia cierta es suficiente; mientras que quien lo niega sólo puede probar su negación después de observar al universo infinito y al tiempo interminable, y de verlo e investigarlo exhaustivamente; sólo entonces se puede demostrar su inexistencia. Y entonces, mis amigos ancianos, pueden comprender qué tan poderosa es la fe en el Más Allá.

Ya que lo más importante que el Sabio Corán nos enseña es ‘la fe en el Más Allá’, y ya que esta fe es así de poderosa, en ella hay tanta esperanza y tanto consuelo, que si una sola persona se abruma con la ancianidad cien mil veces más, el consuelo que surge de esta fe sería suficiente para enfrentarla; por cierto nosotros, los ancianos, deberíamos decir: “Todas las alabanzas sean para Allah por la fe perfecta” y ser feliz con nuestra ancianidad…

Sexta Esperanza

SEXTA ESPERANZA

Una vez, durante mi cautiverio angustiante, habiéndome retirado de la compañía de la gente, estaba solo en la cima de Çam Dagi, la Montaña de Pinos, en las montañas de Barla. Estaba buscando una luz en mi soledad. Una noche, mientras estaba solo en una pequeña plataforma descubierta en lo alto de un pino alto en la cima de esa montaña alta, la ancianidad me recordó tres o cuatro alejamientos, uno dentro del otro. Como se describe en la Carta Seis, el sonido melancólico de los árboles susurrantes y murmurantes de esa noche solitaria, silenciosa y distante me afectó dolorosamente en mi ancianidad y alejamiento. La ancianidad me dio el siguiente pensamiento: como el día cambió a esta tumba negra y el mundo se puso su mortaja negra, el día de tu vida, también cambiará a la noche y el día del mundo cambiará a la noche del Reino Intermedio y el verano de la vida cambiará a la noche de invierno de la muerte. Susurró esto en el oído de mi corazón. Mi alma maligna entonces se vio obligada a decir:

Sí, estoy lejos de mi tierra natal, pero al estar separado de todos aquellos a quienes he amado y que han muerto durante mi vida por cincuenta años, y que aún sigo llorándolos, es un alejamiento mucho más doloroso y penoso que el alejamiento de mi país. Además, me estoy acercando a un alejamiento mucho más triste y doloroso que el alejamiento melancólico de la noche y de la montaña: la ancianidad me informa que me estoy acercando al momento de separación de todo el mundo. Luego busqué una luz, una esperanza de estos alejamientos y tristeza uno dentro de otro. De repente la fe en Allah vino en mi ayuda y me brindó tanta familiaridad que incluso si la desolación compleja en la que me encontraba se multiplicara por mil, su consuelo hubiera sido suficiente.

¡Ancianos y ancianas! Ya que tenemos un Creador Compasivo, ¡no puede haber ningún alejamiento para nosotros! Ya que Él existe, todo existe para nosotros. Ya que Él existe, los ángeles existen también. El mundo no está vacío. Las montañas solitarias y los desiertos vacíos están llenos de siervos de Yenáb-i Jak (Altísimo Verdadero). Aparte de Sus siervos concientes, piedras y árboles

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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