Lamentándome, continué por el camino, totalmente solo, como un extraño;
Mis ojos llorando, mi corazón angustiado, mi mente perpleja, sin percatarme.
Estaba en el extranjero en ese momento; sentí una angustia desesperante, una penitencia arrepentida, un anhelo de ayuda. De repente, el Sabio Corán vino en mi ayuda. Abrió una puerta de esperanza tan poderosa y me brindó una luz de consuelo tan verdadera, que podría haber disipado la desesperación y la oscuridad cien veces más intensas que las mías.
Sí, ¡respetados ancianos y ancianas cuyo apego al mundo y los lazos que los atan a él han comenzado a romperse! ¿Es posible que el Sáni-i Zulyelal (Glorioso Creador Artífice) Que crea este mundo como una ciudad o un palacio perfectamente ordenado no hablara con sus huéspedes y amigos más importantes ni se encontrara con ellos? Ya que Él a sabiendas hizo este palacio, y lo ordenó y lo adornó por Su voluntad y elección, ciertamente como quien hace, sabe; y quien sabe, habla.
Y ya que Él convirtió este palacio y esta ciudad en una casa de huésped y un lugar de comercio para nosotros, Él seguramente tendrá un libro, un cuaderno, para mostrar Sus relaciones con nosotros y lo que Él desea de nosotros.
Así, el más sagrado de esos Libros es el Corán de Milagrosa Exposición; es un milagro en cuarenta sentidos y está en cada instante en las lenguas de al menos de cien millones de personas; esparce luz y cada letra de él brinda al menos diez méritos y recompensas, y los frutos del Paraíso y luces en el Reino Intermedio, y a veces diez mil, y a veces – a través del misterio de la Noche del Decreto – treinta mil. No hay ningún libro en el universo que pudiera competir con él en este sentido y nadie puede mostrar uno. Ya que este Corán que tenemos es la Palabra de Jálık-i Zulyelal (Creador Glorioso) Creador de los Cielos y de la Tierra, que procede de Su soberanía absoluta, la enormidad de Su Divinidad y Su misericordia abarcativa y es Su decreto y una fuente de Su misericordia; adhiere a él. En él hay una cura para cada enfermedad, una luz para cada oscuridad y una esperanza para toda desesperación.
Así, la llave para esta tesorería eterna es la fe y la sumisión a Allah y escuchar el Corán y aceptarlo y recitarlo.
Quinta Esperanza
QUINTA ESPERANZA
Una vez, al comienzo de mi ancianidad, deseando la soledad, me retiré a Yusha Tepesi, el Monte Josué, lejos, arriba del Bósforo de Estambul; mi espíritu buscaba un descanso en la soledad. Un día en esa colina alta, miré a mi alrededor, hacia el ancho horizonte y vi una escena de separación y partida dolorosa y penosa con la advertencia de la ancianidad. Observé desde la posición alta de la rama cuarenta y cinco, es decir, el año cuarenta y cinco, del árbol de mi vida hacia los niveles más bajos de mi vida. Vi que abajo, en cada rama, cada año había cadáveres innumerables de quienes había conocido y amado, y con quienes había estado conectado. Sintiendo una angustia verdaderamente lastimosa que surgía de la partida y la separación, pensando como Fuzuli-i Baghdadî en los amigos de los que me había separado, lloré:
