Mientras recuerdo su compañía lloro,
Mientras haya aliento en este cuerpo seco, lloro a gritos…
Busqué un consuelo, una luz, una puerta que conduzca a la esperanza. De repente, la fe en el Más Allá vino en mi ayuda, derramando una luz inextinguible, ofreciendo una esperanza indestructible.
Sí, ¡mis hermanos y hermanas que llegaron a la ancianidad como yo! Ya que existe el Más Allá y es eterno y es un mundo mejor que este; y ya que Quien nos creó es tanto Jakím (Omnisciente) como Rajím (Compasivo); no deberíamos quejarnos y arrepentirnos de nuestra ancianidad. Al contrario, ya que con la ancianidad uno alcanza la madurez perfecta a través de la adoración y la fe, y la ancianidad es un signo de que uno será liberado de los deberes de la vida y partirá hacia el mundo de la misericordia para descansar, deberíamos estar complacidos con ello.
Según los Hadices, algunos apoyándose en testimonios y otros en ‘absoluta certeza’, los individuos más prominentes de la humanidad, los ciento cuarenta y cuatro mil profetas, unánimemente y con completo acuerdo han dado noticias de la existencia del Más Allá, de que los seres humanos serán enviados allí y de que el Jálık (Creador) del universo lo cumplirá según Su promesa cierta. Similarmente, afirmando a través del descubrimiento verdadero y el testimonio en forma de ‘certeza al grado del conocimiento’ los reportes de los profetas, los ciento veinticuatro millones de evliyas que han atestiguado la existencia del Más Allá. Y a través de las manifestaciones que muestran en este mundo, todos los Nombres del Sáni-i Jakím (Creador Artífice y Omnisciente) del universo evidentemente requieren un reino eterno. Así también el infinito Poder Eterno y la ilimitada Sabiduría Eterna que no permite que nada sea en vano y sin un propósito, cada año en la primavera, surgen a la vida con la orden de كُنْ فَيَكُونُ y son los incalculables cadáveres de los árboles muertos sobre la faz de la tierra, haciéndolos manifestar بَعْثُ بَعْدَ اْلمَوْتِ la vida después de la muerte y reviviendo a trescientas mil especies de plantas y animales como miles de ejemplos de resurrección de los muertos; todo esto seriamente requiere la existencia del Más Allá, así como también de la Misericordia Eterna y el Favor Perpetuo que con perfecta compasión y de manera maravillosa provee el sustento de todos los seres vivos necesitados de sustento y en un breve lapso de tiempo, en la primavera, muestra sus incontables tipos de adorno y decoración; ellos también necesitan de la existencia del Más Allá. Junto con el ser humano, el fruto más perfecto del universo y el ser más amado por su Jálık, que de todos los seres es el más relacionado con los otros seres del universo, y las indicaciones claras y la evidencia cierta de su deseo y amor intensos, inquebrantables y constantes de inmortalidad, y sus esperanzas que se extienden hacia la eternidad; todo esto demuestra tan fehacientemente que después de este mundo efímero hay un mundo eterno, un reino del Más Allá y un lugar de
