Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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de Allah, hará convertir un gusano en una serpiente inmaterial pequeña que roa el corazón.

Por ejemplo, una persona que en secreto comete un pecado vergonzoso temerá la desgracia que resultara si otros lo supieran. Así, la existencia de ángeles y seres espirituales será dura de soportar para él y deseará negarla, incluso ante la fuerza del más leve indicio.

Similarmente, quien comete un pecado mayor, merecedor del tormento del Infierno, deseará la inexistencia del Infierno sinceramente y cada vez que escuche la amenaza del Fuego Infernal, se atreverá a negarlo ante la fuerza de un leve indicio o duda, a menos que tome la protección del escudo del arrepentimiento y busque el perdón.

Similarmente, quien no realiza las oraciones obligatorias ni cumpla con su deber de adoración lo aquejará la angustia, tal como estaría en caso de ser negligente con un deber menor con un gobernante menor. Así, su haraganería al cumplir su obligación, a pesar de las repetidas órdenes del Sultán-i Ezel y Ebed (Soberano Eterno), lo angustiará mucho y por esa angustia deseará y se dirá en significado: “¡Desearía que no existiera esta obligación de adoración!” A su vez, surgirá de este deseo un deseo de negar a Allah y guardar enemistad hacia Él. Si alguna duda en relación a la existencia del Ser Divino llega a su corazón, estará inclinado a abrazarla como una prueba concluyente. Un portón amplio hacia la destrucción se abrirá frente a él. El desdichado no sabe que a pesar de haberse liberado por la negación del inconveniente menor de la obligación de adoración, él mismo se ha convertido, por esa misma negación, en el objetivo de millones de problemas que son mucho más increíbles. Huyendo de la picadura de un mosquito, le da la bienvenida a la mordedura de una serpiente. Así sucesivamente. Se puede comparar con estos tres ejemplos, así se puede comprender el misterio de:

﴿ بَلْ رَانَ عَلٰى قُلُوبِهِمْ ﴾

Segundo Punto

SEGUNDO PUNTO

Como se explicó en relación al misterio del Decreto Divino, en la Palabra Veintiséis, los seres humanos no tienen derecho a quejarse ante los desastres y las enfermedades por las siguientes tres razones:

Primera Razón

Primera Razón: Yenáb-i Jak (Altísimo Verdadero) he hecho de la vestimenta del cuerpo con la que Él ha vestido al ser humano una manifestación de Su arte. Ha hecho del ser humano un modelo sobre el que Él corta, recorta, altera y cambia la vestimenta del cuerpo, así mostrando la manifestación de varios de Sus Nombres. Tal como el Nombre de Sháfi (Sanador) hace necesario que exista la enfermedad, así también el Nombre de Rezzák (Proveedor) requiere que exista el hambre. Y así sucesivamente…

مَالِكُ الْمُلْكِ يَتَصَرَّفُ فيِ مُلْكِهِ كَيْفَ يَشَاءُ

Segunda Razón

Segunda Razón: Es por medio de los desastres y de las enfermedades que la vida se refina, se perfecciona, se fortalece y avanza; que brinda resultados, alcanza la perfección y cumple su propio propósito. La vida vivida monótonamente en el sillón de la comodidad no se parece más al bien puro que es la existencia, que al mal puro que

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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