también se vuelven amigos familiares cuando se los ve a través de Su luz y en Su nombre. Pueden conversar con nosotros a través de sus estados y darnos placer.
Sí, tantas evidencias y testimonios como cantidad de seres del universo y cantidad de letras de este vasto libro del mundo atestiguan la existencia de nuestro Rajím (Compasivo), Kerim (Munificente), Enîs (Íntimo), Vedud (Amoroso), Jálık (Creador), Sâni (Creador Artífice), Jâmi (Protector); nos muestran Su misericordia como tantos miembros, alimentos y bendiciones de seres vivos, que puede ser el medio de Su compasión, misericordia y favor e indican Su Corte. El intercesor más aceptable en Su Corte es la impotencia y la debilidad. Y precisamente el momento de impotencia y debilidad es la ancianidad. Entonces, uno no debería estar ofendido por la ancianidad que es así un intercesor aceptable en una corte así, sino quererla.
Séptima Esperanza
SÉPTIMA ESPERANZA
Una vez, al comienzo de mi ancianidad, cuando la risa del Viejo Said se transformaba en el llanto del Nuevo Said, y creyendo aún que era el Viejo Said, los mundanales de Ankara me invitaron a que fuera para allá, y fui.
Ya casi terminando el otoño, subí a lo alto de un castillo en Ankara, que estaba mucho más viejo, dilapidado y gastado que yo.
Me pareció que estaba formado de eventos históricos petrificados: la vieja edad de la estación del año junto a mi vieja edad, la vieja edad del fuerte, la vieja edad de la humanidad, la vieja edad del glorioso Estado Otomano y la muerte del Califato, y la vieja edad del mundo, todo eso me hizo observar, en un estado de mucho dolor, compasión y melancolía en ese elevado fuerte, los valles del pasado y las montañas del futuro.
Mientras experimentaba un estado espiritual totalmente negro en Ankara rodeado de cuatro o cinco capas de oscuridad de la ancianidad, una dentro de la otra [^3], busqué una luz, un consuelo, una esperanza.
[^3]:Mi estado espiritual en ese momento me provocó escribir una súplica en idioma persa. Fue impresa en Ankara, en el tratado intitulado Hubab.
Mientras buscaba consuelo al mirar a la derecha, es decir, hacia el pasado, éste me apareció en forma de una tumba vasta de mi padre y mis ancestros, y de la raza humana y me llenó de penumbra en lugar de consolarme. Buscando un remedio, miré hacia el futuro, que estaba a mi izquierda. Vi que se aparecía como una tumba inmensa y oscura para mí, mis contemporáneos y las futuras generaciones; producía horror en vez de familiaridad. Sintiéndome desolado ante la izquierda y la derecha, miré al tiempo presente. Apareció ante mis ojos inconscientes e históricos, un ataúd que llevaba mi cuerpo casi muerto, sufriendo y luchando desesperadamente.
Luego, desesperándome por esa dirección también, levanté mi cabeza y miré hacia la cima del árbol de mi vida, y vi que el árbol tenía una sola fruta, y era mi cadáver; yacía en la cima del árbol y me estaba mirando. Sintiendo horror en esta dirección también, incliné mi cabeza. Miré al pié del árbol de mi vida, hacia sus raíces, y vi que el suelo allí, la tierra que era la fuente de mi creación y la tierra de mis huesos mezclados juntos, estaban siendo pisoteados. No había remedio, sino que agregó más dolor a mi aflicción.
