Luego fui obligado a mirar detrás de mí. Vi que este mundo inestable y transitorio se estaba cayendo, desapareciendo en los valles de la nada y en la oscuridad de la inexistencia. Mientras buscaba un bálsamo para mi dolor, sólo agregó veneno. Como no podía ver nada bueno en esa dirección, miré en frente de mí, posé mi mirada sobre el futuro. Vi que la puerta de la tumba estaba abierta justo en el medio de mi camino, me estaba mirando con su boca abierta. La carretera que pasaba por detrás de ella, que se extendía hasta la eternidad, y las caravanas que viajaban por esa carretera, saltaban a la vista por la distancia. Y aparte de un poder de elección limitado y parcial, como mi soporte y arma defensiva en vista de los horrores que venían en estas seis direcciones, no tenía nada más.
Debido a que el poder parcial de elección, la única arma del ser humano contra esos innumerables enemigos e interminables cosas dañinas, es tanto defectuoso como corto y débil, y carece de poder para crear, el ser humano es capaz solamente de adquirirlo. No podría ni pasar hacia el pasado para silenciar las penas que vienen desde allí, ni podría penetrar en el futuro para prevenir los temores que vienen desde allí. Vi que no servían de mucho mis esperanzas y dolores relacionados con el pasado y el futuro.
En el momento en que estaba luchando contra el horror, la desolación, la oscuridad y la desesperación que vienen de estas seis direcciones, las luces de la fe que brillan en el cielo del Corán de Milagrosa Exposición, de pronto llegaron en mi ayuda. Se encendieron e iluminaron esas seis direcciones a tal punto, que si los horrores y la oscuridad que vi se hubieran multiplicado por cien, esa luz aún hubiese sido suficiente para alcanzarlos. Transformó a todos esos horrores, uno a uno, en consuelo y la desolación en confianza. Es así:
La fe partió en dos la vista desolada del pasado como una tumba vasta, y lo mostró con visión de certeza de los ojos y con absoluta certeza como una asamblea familiar y brillante o un encuentro de amigos.
Y la fe mostró el futuro, que había aparecido en forma de una tumba enorme ante los ojos, con conocimiento certero como un banquete del Más Misericordioso en palacios de dicha muy agradables.
Y la fe quitó la vista del tiempo presente como si fuera un ataúd que había aparecido ante mi vista negligente, y rompió la forma de ataúd del día presente y, como viéndolo, lo mostró como un lugar de comercio para el Más Allá y una casa de huéspedes brillante del Más Misericordioso.
Y la fe demostró con conocimiento certero que la única fruta en la cima del árbol de la vida no era un cadáver como le había parecido a la mirada negligente, sino que era mi espíritu, que manifestaría vida eterna y estaba destinado a la felicidad eterna, abandonaría su vieja morada para viajar alrededor de las estrellas.
Y la fe demostró a través del misterio de la fe que la tierra de mis huesos y la tierra, que era la fuente de mi creación, no eran huesos sin valor, pulverizados y pisoteados abajo de los pies, sino que ese suelo era la puerta hacia la Misericordia Divina y un velo previo a la entrada al Paraíso.
Y la fe demostró, a través del misterio del Corán, que el mundo que había aparecido con la mirada negligente detrás de mí como si se estuviera cayendo
