Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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Una súplica

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Una súplica

¡Oh, Allah mío y mi Rab (Señor)!

Cielos

Veo a través de los ojos de la fe, la instrucción y la luz del Corán, las enseñanzas del Noble Mensajero de Allah (A.S.M.), y las indicaciones del Nombre del Jakím (Omnisciente), que en los cielos no hay rotaciones ni movimientos que por su orden y regularidad no señalen Tu existencia. No hay cuerpo celeste que por el acatamiento silencioso de sus tareas y por permanecer en su lugar sin un soporte no dé testimonio de Tu dominación y unidad. No hay estrella que por su creación equilibrada, posición regular, sonrisa luminosa y marca de similitud con las otras estrellas no indique la majestuosidad de Tu Divinidad y de Tu unidad. No hay ni uno de los doce planetas que por su movimiento sabio, subyugación dócil, tareas ordenadas y satélites significativos, que no dé testimonio de Tu necesaria existencia e indique la soberanía de Tu Divinidad.

Sí, – ¡oh, Creador de los Cielos y de la Tierra, que diriges y administras todas las partículas y a todos sus componentes ordenados, y haces girar a los planetas y a sus satélites regulares, subyugándolos a Sus órdenes! – tal como cada habitante de los cielos da testimonio por sí mismo, así también en su lealtad dan testimonio de Tu necesaria existencia y unidad de un modo que es tan claro y poderoso que las pruebas brillantes tan numerosas como las estrellas en el firmamento afirman ese testimonio.

Además, al parecerse como un ejército común o una flota imperial engalanada con luces brillantes, los cielos límpidos, hermosos y sin una sola mancha, con sus cuerpos celestes inmensos y veloces, señalan claramente al esplendor de Tu dominación y lo tremendo de Tu poder, que crea todas las cosas; y a la extensión ilimitada de Tu soberanía, que se esparce en los cielos, y a Tu misericordia, que abarca a todos los seres vivientes; y da testimonio indudablemente de lo exhaustivo de Tu conocimiento, que tiene que ver con todos los estados y circunstancias de todos los seres de los cielos, y los abraza y los ordena, y a Tu sabiduría, que abarca todas las cosas. Este testimonio es tan evidente que es como si las estrellas fueran las palabras y la personificación luminosa del testimonio de los cielos.

Además, como soldados obedientes, barcos ordenados, aviones maravillosos o lámparas estupendas, las estrellas en la arena de los cielos, y en sus mares y vastos espacios, muestran el esplendor brillante de la soberanía de Tu Divinidad. Como se sugiere en las tareas del sol – una estrella entre los miembros de ese ejército – que están relacionadas con sus planetas y nuestra tierra, algunos de sus compañeros, las otras estrellas, miran a los mundos del Más Allá y no están sin tareas; son los soles de los mundos eternos.

Estrellas, Soles y Lunas

¡Oh, Váyib-ul Vuyud (Necesariamente Existente)! ¡Oh, Vájid y Ejad (Uno y Único)!

Estas maravillosas estrellas, estos extraños soles y estas lunas, son subyugados, ordenados y empleados bajo Tu dominación, en Tus cielos, bajo Tus órdenes, poder y fuerza, y Tu administración y dirección. Todos esos cuerpos

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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