Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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servicio del Corán y seríamos irrespetuosos con lo sagradas que son las verdades de la fe.

¡Hermanos míos! Existen muchos obstáculos para realizar una obra de bien grande e importante. Satanás ofrece una poderosa resistencia contra aquellos que lo intentan. Uno tiene que confiar en la fuerza de la sinceridad al enfrentar esos obstáculos que pone Satanás. Deben evitar todo aquello que dañe la sinceridad tanto como evitas que te pique una serpiente o un escorpión. Según la aleya sobre las palabras del profeta Yusef (A.S.):

﴾ اِنَّ النَّفْسَ لَاَمَّارَةٌ بِالسُّٓوءِ اِلَّا مَا رَحِمَ رَبّ۪ى ﴿ no se puede confiar en el alma que es propensa a hacer el mal. ¡No permitan que el egoísmo y el alma te engañen! Tomen como guía las siguientes reglas para obtener la sinceridad, preservarla y disipar los obstáculos:

Primera Regla

PRIMERA REGLA

Deben buscar el placer Divino en sus acciones. Si Yenáb-i Jak (Altísimo Verdadero) está satisfecho, no importa si todo el resto del mundo estuviera insatisfecho. Si Él acepta una acción y todo el resto la rechaza, no importa. Una vez que se ha obtenido Su satisfacción y Allah ha aceptado una acción, incluso si no Se lo piden, si Él así lo desea y Su sabiduría lo requiere, hará que los otros la acepten también. Hará que los otros den su consentimiento también. Por esta razón, el único objetivo en este servicio debe ser buscar la satisfacción Divina directamente.

Segunda Regla

SEGUNDA REGLA

No criticar a los hermanos que están al servicio del Corán, y no incitarlos a la envidia al demostrar virtudes superiores. Porque así como la mano de un hombre no puede competir con la otra, tampoco uno de sus ojos puede criticar al otro, ni su lengua puede objetar a su oído, ni su corazón puede ver los errores de su espíritu. Cada uno de sus miembros compensa las deficiencias de los otros, cubren sus errores, atienden sus necesidades y los ayudan con sus tareas. Si no, la vida del hombre se extinguiría, su espíritu se huiría y su cuerpo se dispersaría.

De igual modo, los componentes de una máquina de una fábrica no compiten entre sí, ni tienen precedencia uno sobre el otro, ni dominan uno al otro. No espían las faltas de los demás, ni critican, ni destruyen su entusiasmo por el trabajo, ni tampoco hacen que se queden sin hacer nada. Más bien lo que hacen es ayudarse mutuamente para moverse con toda su capacidad para alcanzar un objetivo en común; marchan hacia el objetivo de su creación con solidaridad y unidad verdaderas. Si la menor agresión o deseo de dominar interfiriera, arrojaría a la fábrica en una confusión tal que no produciría nada ni se obtendría ningún resultado. Entonces el dueño de la fábrica demolería la fábrica por completo.

Y entonces, ¡Oh, estudiantes de Risale-i Nur y siervos del Corán! Ustedes y yo somos miembros de una personalidad colectiva como esa, merecedora del título de “persona perfecta”. Somos como los componentes de una máquina de una fábrica que produce felicidad eterna dentro de la vida eterna. Somos siervos que trabajamos en un barco Divino que haremos desembarcar a la Comunidad de Muhammad (A.S.M.)) en la Morada de la Paz, el puerto de la salvación.

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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