Por lo tanto, aunque por treinta años ofrecí súplicas para ser sanado y aparentemente mis oraciones no eran aceptadas, no se le ocurrió a mi corazón dejar de hacerlo. Porque la enfermedad es el momento de la súplica, curarse no es el resultado las súplicas. Si el Cenab-ı Jakím-i Rajím (Altísimo Omnisciente y Compasivo) nos da salud, la da por Su abundante gracia.
Por otra parte, si las súplicas no son aceptadas en la forma en que deseamos, no se dice que no fueron aceptadas. Jálık-i Jakím (Creador Omnisciente) sabe más, Él nos da lo que es beneficioso para nosotros. Pero a veces por nuestros beneficios, dirige nuestras oraciones para este mundo hacia el Más Allá y las acepta de esa forma. En cualquier caso, una súplica que se hace con sinceridad debido a una enfermedad y que surge de la debilidad, impotencia, humildad y necesidad, es muy probable que sea aceptada. La enfermedad es el medio de una súplica sincera. Tanto los enfermos religiosos como los creyentes quienes los cuidan deben aprovechar los beneficios de esta súplica.
Remedio 18
REMEDIO 18
¡Oh enfermo que dejas de agradecer y comienzas a quejarte! La queja surge de la falta de algún derecho. Ninguno de tus derechos se ha perdido para que te quejes. Es más, hay muchos agradecimientos que implican una obligación para ti, un derecho sobre ti y que no haz realizado. Sin darle el derecho a Yenáb-i Jak (Altísimo Verdadero), te estás quejando y demandas derechos de una manera incorrecta.
No puedes mirar a otros que están en un grado superior a ti porque están sanos y quejarte por eso. Tienes el deber de mirar a los enfermos desde un punto de vista menor y agradecer. Si tu mano se quiebra, mira a quienes les faltan las manos. Si tienes un sólo ojo, mira a los ciegos que perdieron ambos ojos y ¡agradece a Allah!
Con certeza, nadie tiene el derecho de mirar a alguien superior con mayores bendiciones para quejarse. En problemas, todos tienen el derecho de mirar a aquellos que están en peores aflicciones de tal forma que deben dar gracias. Este misterio ha sido explicado en varias partes de Risale-i Nur con una comparación, un resumen de ella es lo siguiente:
Una persona lleva a un hombre miserable hacia la parte más alta de un minarete. Por cada paso le da un regalo diferente, un otorgamiento distinto. Justo en la cima del minarete, le da el regalo más importante. Aunque quiere agradecer por todos los regalos anteriores, el desagradable hombre se olvida de lo recibido, no les da importancia y no agradece. Mira hacia arriba y comienza a quejarse diciendo: “Si este minarete fuera más alto podría haber subido más. ¿Por qué no es tan alto como aquella montaña o como ese otro minarete?” Si comienza a quejarse de esta forma, ¡cuánta ingratitud, qué injusticia!
De la misma forma, el ser humano viene a la existencia sin nada, no como una roca o un árbol o un animal, sino que viene como una persona y un musulmán y la mayoría de las veces experimenta buena salud y adquiere muchas bendiciones. A pesar de esto se queja y muestra impaciencia porque no recibe algunas bendiciones que considera valiosas o porque las pierde debido a una decisión equivocada, un abuso o porque no puede obtenerlas. Criticar al Decreto Divino diciendo: “¿Qué he hecho para que me suceda esto?” es una
