asume una forma en el aire de las bocas como cuevas de todos los creyentes de todas partes de la tierra. Tal como a través del eco de una frase de “¡Allah es el Más Grande!” surgen innumerables “¡Allah es el Más Grande!”, así también esa recitación e invocación aceptable hace que los cielos suenen y resuenen haciendo olas en los Reinos Intermedios.
Y entonces, alabamos, glorificamos y exaltamos tantas veces como cantidad de partículas de la tierra al Zát-ı Zulyelal (Ser Glorioso), Quien hizo la tierra así prosternarse ante Él en adoración, glorificándolo y exaltándolo, y la hizo una mezquita para Sus siervos y una cuna para Sus seres. Y Le ofrecemos tantas alabanzas como cantidad de seres que Él nos hizo la Comunidad del Noble Profeta (A.S.M.), quien nos enseñó la adoración de este tipo.
Décima Nota
Décima Nota
¡Debes saber, oh, negligente y confundido Said! Alcanzar la luz del conocimiento de Yenáb-i Jak, mirar hacia ella, ver sus manifestaciones en los espejos de los signos y testigos y contemplar sus pruebas y evidencias requiere que no lo examines con los dedos de la crítica. No examines críticamente a cada luz que pasa sobre ti u ocurre en tu corazón o aparece en tu mente, ni critiques con la mano de la duda. No estires tu mano para sostener una luz que aparece ante ti. Más bien aléjate de las cosas que causan negligencia, vuélvete hacia la luz y espera, porque he observado que los testigos y las pruebas del conocimiento de Allah son de tres tipos:
Un Tipo es como el agua. Es visible y palpable, pero no se puede sostener con los dedos. Para este tipo, uno tiene que desprenderse de las ilusiones y sumergirse en él como un todo. No se puede descubrir con los dedos de la crítica; si es así, se escurre y se pierde. ¡Esa agua de la vida no puede hacer de los dedos su morada!
El Segundo Tipo es como el aire. Se puede percibir, pero no es visible ni se puede agarrar. Deberías volverte hacia él con tu rostro, tu boca, tu espíritu y sostenerte ante esa brisa de misericordia. Pero no estires tu mano de crítica hacia él, porque serás incapaz de sostenerla. Respíralo con tu espíritu. Si lo observas con ojos de duda y pones tus manos sobre él criticándolo, te dejará y partirá. No hará de tus manos su morada; ¡no podría estar satisfecho con ellas!
En cuanto a El Tercer Tipo es como la luz. Es visible pero no se puede palpar ni se puede agarrar. Entonces aférrate a ella con los ojos del corazón y la visión del espíritu, dirige tu mirada hacia ella y espera. Tal vez venga por sí sola, porque la luz no se puede sostener con las manos ni cazarse con los dedos; se puede cazar sólo con la luz de la perspicacia. Si estiras tus manos físicas y codiciosas, la pesas sobre una balanza material, incluso si no se extingue, se ocultará. Porque tal como esa luz no estará satisfecha de ser encarcelada en la materia, así tampoco puede restringirse ni aceptar que las cosas densas sean su señor y maestro.
