contingencia, y como un cuaderno que constantemente cambia las leyes del funcionamiento del poder Divino, y al que se le ha dado equivocada y erróneamente el nombre de ‘Naturaleza’, y dijo:
“Estas cosas requieren una causa y nada más parece tener relación con todo como tiene este cuaderno. Es verdad que la razón no aceptará de ninguna manera que este cuaderno invisible, inconsciente e impotente pudiese realizar esta creación, que es el trabajo de un absoluto dominante y requiere poder infinito. Pero ya que no reconozco al Sáni-i Kadím (Permanente Creador Artífice), la explicación más probable es decir que el cuaderno lo hizo, y lo hace, entonces diré esto”. A esto respondemos:
¡Oh, equivocado y desafortunado ser! ¡Tu necedad excede lo imaginable! ¡Levanta la cabeza de la ciénaga de la Naturaleza y mira más allá de ti! ¡Ve a un Sáni-i Zulyelal (Glorioso Creador Artífice) ante Quien todos los seres desde las partículas a los planetas atestiguan de modos diferentes y a Quien ellos señalan con sus dedos! ¡Contempla la manifestación del Nakkásh-ı Ezelí (Ornamentador Eterno), Quién da forma al palacio y Quién escribe su programa en el cuaderno! ¡Estudia Su decreto, escucha al Corán! ¡Libérate de ese delirio descabellado!
#### Segunda Comparación
Segunda Comparación: Un hombre rudo y grosero entró en un espléndido palacio y vio un ejército realizando su instrucción con acciones uniformes y extremadamente ordenadas. Observó que un batallón, un regimiento y una división se cuadraban, descansaban y marchaban, y abrieron fuego cuando fue ordenado como si ellos fueran un solo soldado. Su mente grosera e inculta no podía entender y negaba que a un comandante le hubieran dado órdenes según las leyes del país y según el decreto real, imaginó que los soldados estaban atados entre sí con cuerdas. Pensó en qué tan maravillosa cuerda debía ser, y se quedó asombrado.
Más tarde, siguió su camino hasta encontrar una mezquita tan magnífica como la de Santa Sofía en Estambul. Entró en el momento del rezo del viernes y miró a la congregación de musulmanes levantarse, hacer reverencias, prosternarse y sentarse con el sonido de la voz de un hombre. Ya que él no entendía la Sharía, que consisten en una colección de leyes inmateriales, reveladas por Allah, ni conocía las reglas inmateriales que provienen de la orden del Legislador, imaginó que los fieles estaban unidos los unos a otros por una cuerda, y que esta maravillosa cuerda los había sujetado y los hacía moverse como marionetas. Y, continuando con esta idea, que es tan ridícula que haría reír a carcajadas a la persona más ignorante, continuó su camino.
Exactamente como esta comparación, un ateo suscrito al pensamiento materialista, que es negación y brutalidad pura, entró en el universo, que es el cuartel espléndido del Sultan-ı Ezel y Ebed (Soberano Eterno) para Sus fuerzas innumerables, y una mezquita bien ordenada de aquel Mábud-u Ezelí (Eterno Ser Adorado). Imaginó las leyes inmateriales del orden del universo, que provienen de la sabiduría del Sultan-ı Ezel y Ebed, cada una para tener la existencia material y física; y de las leyes teóricas de la soberanía de dominación, y las reglas, leyes y ordenanzas del Mábud-u Ezelí, que son inmateriales y existen sólo como conocimiento, cada una para tener la existencia externa, material y física. Pero establecer en el lugar del poder Divino aquellas leyes, que provienen
