mientras estuve en la Prisión de Eskishehir. Para acercarlo decimos por medio de una comparación:
El universo es un palacio, en cuyo interior existe una ciudad que sufre los trastornos constantes de la destrucción y la reconstrucción; dentro de la ciudad hay un país que está continuamente agitado por la guerra y la emigración y en el país existe un mundo que se mueve incesantemente entre la vida y la muerte. Pero un balance, un equilibrio y tan asombrosos prevalecen en el palacio, la ciudad, el país y el mundo que demuestran evidentemente que las transformaciones, entradas, salidas y manifestaciones en los innumerables seres, están medidas y pesadas en cada momento bajo la balanza del Ser único que ve y supervisa todo el universo.
Porque si hubiera sido de otra manera, si las causas hubiesen sido libres y sin restricciones, cualquiera que intentara destruir intensamente el equilibrio y crear exceso en todas las cosas -con un solo pez desovando mil huevos, una sola flor como por ejemplo la amapola que produce veinte mil semillas, con el ataque y la violencia del cambio y los elementos fluyendo en movimiento- podría remitirse al sin sentido, al azar sin propósito, a las fuerzas ciegas anárquicas y a la naturaleza oscura inconsciente y entonces el equilibrio de los seres y del universo hubiese sido completamente destruido en un año, es más, en un día: hubiese sido un caos. Es decir, los mares se habrían llenado de restos en total desastre y confusión, se habrían podrido, la atmósfera se hubiese envenenado con gases tóxicos y la tierra se habría convertido en un montón de basura, un matadero y un pantano. El mundo se habría asfixiado.
Por lo tanto, todas las cosas desde las células de un cuerpo animado, los glóbulos rojos y blancos en la sangre, las transformaciones de partículas diminutas, las proporciones de cada uno y la relación que existe entre los órganos del cuerpo, las entradas y salidas de los mares, el ingreso y los gastos de las primaveras en la tierra, el nacimiento y la muerte de plantas y animales, la destrucción del otoño y la reconstrucción de la primavera, los deberes y los movimientos de los elementos y las estrellas, las alternancias, luchas y enfrentamientos de la vida y la muerte, la luz y la oscuridad, hasta el frío y el calor, todo está ordenado y pesado con un equilibrio tan sensible, con tan fina medida que la mente humana no puede ver las pérdidas ni la futilidad y así, las ciencias humanas y la filosofía observan y muestran en todos lados el orden más perfecto y la perfecta simetría, es más, las ciencias humanas y la filosofía son una manifestación y una interpretación de dicho orden y simetría.
Entonces, ven y considera el equilibrio y balance del sol y sus doce planetas. ¿Acaso no señala tan claramente como el sol que el Zát-ı Zulyelal (Ser Glorioso) es Adl (Justo) y Kadír (Todopoderoso)? Consideremos en especial nuestro barco, que es la tierra y uno de los planetas que viaja en su órbita veinticuatro mil años en un año – sin esparcir ni sacudir las cosas que lleva almacenada ni las que se encuentran en su superficie – que a pesar de su extraordinaria velocidad no arroja ninguna de ellas al espacio; pero si aumentara su velocidad o la redujera un poco, expulsaría a sus habitantes fuera de la atmósfera y los esparciría en el espacio y si se destruyera su equilibrio por
