Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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la embriaguez de la juventud y el estado espiritual producido por mi posición, todo hizo que ese sueño fuera tan pesado que simplemente vi que al mundo como algo permanente y a mí mismo en una situación extraña que no muere pegado a él.

Entonces, un día de Ramadán fui a la mezquita sagrada Bayezid a escuchar a los memorizadores sinceros del Corán. Con sus lenguas, el Corán de Milagrosa Exposición, proclamó este decreto con su forma celestial de dirigirse: ﴾ كُلُّ نَفْسٍ ذَٓائِقَةُ الْمَوْتِ ﴿ Esta aleya da la noticia contundente de la muerte del ser humano y de todos los seres vivos. Entró en mi oído, penetró a las profundidades de mi corazón y se quedó allí; hizo trizas ese sueño profundo y mi negligencia. Salí de la mezquita. Por el estupor del sueño que por un largo tiempo se había instalado en mi cabeza, por varios días una tempestad rugió en ella y me vi a mí mismo como si fuera un fuego con humo en mi cabeza y como un barco que perdió su camino. Cada vez que miro mi cabello en el espejo, las canas me dicen: “¡Presta atención!” Y entonces la situación se aclara a través de la advertencia de mis canas.

Miro y veo que mi juventud, que tanto me cautiva con sus placeres y en la que tanto confío, me está despidiendo, y que esta vida mundanal que tanto amo y con la que tanto estoy involucrado comienza a extinguirse, y que el mundo con el que estoy tan cercanamente conectado y del que yo soy simplemente el amante, me está diciendo: “¡Que tengas un buen viaje!”, y me está advirtiendo que me iré de esta casa de huéspedes. Él también está diciendo “¡Adiós!”, y está preparándose para irse. El siguiente significado se está develando en el corazón a partir de las indicaciones de esta aleya del Corán de Milagrosa Exposición: ﴾ كُلُّ نَفْسٍ ذَٓائِقَةُ الْمَوْتِ ﴿ la raza humana es un alma; morirá para ser resucitada. El globo terráqueo es un alma; también morirá para adoptar una forma eterna. El mundo también es un alma; morirá para asumir la forma del Más Allá.

En este estado, consideraba mi situación. Vi que la juventud, que es la fuente de placer, está partiendo; mientras que la ancianidad, la fuente de las penas, se está yendo; que la vida, que es tan brillante y luminosa, se está yendo; mientras que la muerte, que es aterradora y aparentemente oscura, se está preparando para llegar; y que el mundo amoroso que creemos permanente y que es el amado de los negligentes, se está apresurando a la ruina.

Para engañarme a mí mismo y otra vez sumergir mi cabeza en la negligencia, miré los placeres del estatus social que disfruté en Estambul, que era mucho más de lo que yo merezco, pero no hubo ninguna ventaja en ello. Todas las consideraciones, atenciones y todos los consuelos de ellos sólo pueden acompañarme hasta la puerta inminente de la tumba; y allí se extinguen. Debido a que lo vi como una hipocresía tediosa, engreimiento frío y estupefacción pasajera bajo el velo adornado de la gloria y el renombre, que es el objetivo ilusorio de quienes persiguen la fama, comprendí que estas cosas que hasta ese momento me habían engañado no pueden brindarme consuelo; no pude encontrar ninguna luz en ellas.

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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