¿No ves que al sentir desesperación en algún asunto menor y su esperanza por algún deseo ilusorio que se pierde y se desilusiona por algún asunto insignificante, las imaginaciones dulces de esa persona se vuelven amargas, las situaciones amables la lastiman, y el mundo la coarta y se vuelve una prisión para ella? Pero, ¿qué felicidad puedes asegurarle a esa persona desdichada que, a través de tus adversidades, ha sufrido los golpes del extravío en los rincones profundos de su corazón hasta las fundaciones de su espíritu y por esto cuyas esperanzas se han extinguido y cuyos dolores surgen de ello? ¿Puede decirse de alguien cuyo cuerpo está en un paraíso falso y efímero y cuyo corazón y espíritu sufren los tormentos del Infierno que es feliz? Mira, has conducido al extravío a la humanidad desdichada de esta manera. Los haces sufrir los tormentos del Infierno en un paraíso falso.
¡Oh, alma maligna de la humanidad! Considera la siguiente comparación y ve a dónde has conducido a la humanidad. Por ejemplo, hay dos caminos ante nosotros. Tomamos uno de ellos y vemos que a cada paso hay alguna persona desdichada e impotente. Los tiranos la están atacando, tomando su propiedad, sus bienes y destruyendo su casa humilde. A veces la lastiman también. Tanto que los cielos lloran por su estado penoso. Para donde sea que uno mire, las cosas continúan en esta vena. Los sonidos que es oyen en este camino son los ruidos de los tiranos y las quejas de los oprimidos; un luto universal cubre el camino entero. Ya que a través de su humanidad el ser humano sufre con el sufrimiento de los demás, es afligido con un dolor ilimitado. Pero debido a que la conciencia no puede soportar tanto dolor, quien viaja por este camino se ve obligado a hacer una de estas dos cosas: o bien se despoja de su humanidad y, abrazando un salvajismo ilimitado, lleva un corazón que mientras que él esté sano y salvo no le afecta si todo el resto de la humanidad se muere, o bien suprime las demandas del corazón y de la razón.
¡Oh, Europa corrupta con vicio y extravío y tan alejada de la religión de Jesús (A.S.)! Has otorgado este estado infernal al espíritu humano con tu carácter ciego que, como el Dayyal, tiene un solo ojo. Después comprendiste que esta es una enfermedad tan incurable que arroja al ser humano desde lo más alto de lo alto a lo más bajo de lo bajo y lo reduce al nivel más humillante de los animales. El único remedio que has encontrado para esta enfermedad son las fantasías del entretenimiento, el encanto y las diversiones insignificantes que sirven para adormecer temporalmente a los sentidos. Que estos remedios tuyos sean tu muerte y así serán. ¡Allí! El camino que has abierto para la humanidad y la felicidad que le has dado se parecen a esta comparación.
El segundo camino, que el Sabio Corán ha otorgado a la humanidad con su guía, es como este: Vemos que en cada lugar de parada, en cada sitio, en cada ciudad a lo largo de este camino hay patrullas de soldados equitativos de un Monarca Justo haciendo las rondas. De vez en cuando, bajo la orden del Rey, un grupo de soldados es licenciado. Sus rifles, caballos y equipamiento que pertenecen al estado se les quitan y se les dan sus papeles de licenciamiento. Los soldados licenciados están aparentemente tristes de entregar sus rifles y caballos con los que están familiarizados, pero en realidad están felices de ser
