vio con el ojo de certeza que no había refugio más que en Musebbibul Esbab (Provocador de las Causas) y se le develó el misterio de la Unicidad Divina dentro de la luz de la Unidad Divina, su súplica fue capaz de repente de someter a la noche, al mar y al pez. A través de la luz de la Unidad Divina, fue capaz de transformar el estómago del pez en un submarino; y el mar con las olas horribles y turbulentas como montañas, en una planicie apacible, un lugar agradable de excursión. A través de la luz de la Unidad, fue capaz de barrer el semblante del cielo, aclarar todas las nubes y establecer la luna sobre su cabeza como un farol. Los seres que lo habían estado presionando y amenazando de todos lados le mostraron un rostro amigable en todas las direcciones. Así alcanzó la orilla de la salvación, donde debajo de una planta de calabaza observó este favor del Sustentador.
Ahora estamos en una situación cien veces más horrible que en la que Jonás (A.S.) se encontró primero. Nuestra noche es el futuro. Cuando contemplamos nuestro futuro con el ojo de la negligencia, es cien veces más oscuro y más temible que su noche. Nuestro mar es este globo que gira. Cada ola de este mar carga con miles de cadáveres y así es mil veces más aterrador que su mar. Nuestro pez es los deseos de nuestra alma maligna que lucha por meterse en nuestra vida eterna y destruirla. Este pez es mil veces más maléfico que el suyo porque su pez podría destruir una vida de cien años mientras que el nuestro busca destruir una vida de cientos de millones de años. Ya que este es nuestro verdadero estado, deberíamos imitar a Jonás (A.S.) y apartarnos de todas las causas y buscar refugio directamente en Musebbibul Esbab, es decir, nuestro Sustentador. Deberíamos decir:
﴿ لَٓااِلٰهَاِلَّٓااَنْتَ سُبْحَانَكَ اِنّ۪ي كُنْتُ مِنَ الظَّالِم۪ينَ ﴾
y comprender con visión de certeza que es sólo Él quien puede ahuyentarnos de los daños del futuro, de este mundo, y de los deseos de nuestras almas malignas, unidos en nuestra contra por nuestra negligencia y extravío. Porque el futuro está sujeto a Su orden, el mundo a Su jurisdicción y nuestra alma a Su administración.
¿Qué otra causa hay más que Jálık-i Semavat vel Ard (Creador de los Cielos y de la Tierra) que pueda conocer los pensamientos más sutiles y secretos de nuestro corazón? ¿Quién puede iluminar el futuro para nosotros estableciendo el Más Allá? ¿Quién puede salvarnos de los millares de olas abrumadoras del mundo? ¡Que Allah no lo permita! Fuera de Zát-i Váyib-ul Vuyud (Ser Necesariamente Existente), no hay nada que pueda de ninguna manera auxiliar ni salvar excepto por Su permiso y voluntad.
Ya que este es el caso, como resultado de su súplica, el pez se transformó para Jonás en un vehículo, o un submarino, y el mar, en una planicie apacible; y la noche se volvió gentilmente iluminada por la luna, así también deberíamos decir con el misterio de esa súplica:
﴿ لَٓااِلٰهَاِلَّٓااَنْتَ سُبْحَانَكَ اِنّ۪ي كُنْتُ مِنَ الظَّالِم۪ينَ ﴾
