tienen espíritus, no hay ninguno que a través de sus miembros internos y externos, que trabajan con la regularidad de un reloj, del orden y equilibrio delicados de sus cuerpos, y de los beneficios y propósitos significativos de sus sentidos y facultades, del arte grandioso en su creación, de estar engalanados con tanta sabiduría, el equilibrio preciso se sus sistemas físicos, no dé testimonio de Tu necesaria existencia y de la realidad de Tus atributos. Ya que las fuerzas ciegas, la naturaleza inconsciente y la coincidencia sin sentido no pueden de ninguna manera interferir en un arte tan delicado y perspicaz, en una sabiduría tal consciente y sutil ni en un equilibrio providencial tan perfecto; no pueden ser su trabajo; es imposible. También es absolutamente imposible que los seres vivos se hayan creado a sí mismos, porque entonces cada una de sus partículas debería tener el conocimiento abarcativo y la sabiduría como un dios, debería poder conocer, ver y hacer todas las partes de sus cuerpos para formarlos, ciertamente, deberían ser capaces de conocer, ver y hacer todo lo que en el mundo está conectado a ellos, entonces la creación del cuerpo podría ser adjudicada a él y se podría decir que “se creó a sí mismo”.
Además, el hecho de estar sujetos a la misma administración, y al mismo planeamiento, y de ser del mismo tipo, y de llevar la misma marca, como el parecido en rasgos como los ojos, las orejas y la boca, y la unidad en la marca de la sabiduría que se observa en los rostros de los miembros de la misma especie, y el parecido en la forma de sustentarse y de la creación, y de estar uno dentro de otro; no hay ninguna de estas circunstancias que no dé testimonio categóricamente de Tu unidad, y, por las manifestaciones de todos Tus Nombres que observan al universo que está en cada individuo, y de Tu unicidad dentro de la unidad.
Además, por estar equipados, entrenados y supeditados como un ejército regular y desde el más pequeño hasta el más grande se conforman en forma ordenada bajo las órdenes de la dominación, los seres humanos y las cien mil especies de animales sobre la faz de la tierra señalan el nivel de esplendor de esa dominación; y por su gran valor, a pesar de su gran cantidad, y su perfección, a pesar de la velocidad con la que son creados, y su gran arte, a pesar de la facilidad con la que son creados, al punto de grandeza tal de Tu poder. Además, señalan de forma contundente la extensión ilimitada de Tu misericordia, que envía sustento a todos ellos, desde el microbio hasta los rinocerontes, y de la mosca diminuta hasta el pájaro más grande, dispersos de este a oeste y de norte a sur; y desde todos ellos cumplen con sus funciones naturales como soldados cumpliendo órdenes, y desde cada primavera la faz de la tierra es el campamento de un ejército que recién toma las armas reemplazando a aquellos que han sido dados de baja el otoño anterior, hasta el alcance infinito de Tu soberanía.
Además, a través de un conocimiento profundo y una sabiduría precisa, los seres vivos, que son copias en miniatura del universo, y están hechos sin fallas, sin que ninguna de sus partes sea confusa ni que ninguna de sus formas diferentes esté mezclada, señalan en la misma cantidad a Tu conocimiento, que abarca todas las cosas, y Tu sabiduría, que comprende todas las cosas; mientras que al estar hechos con tanta delicadeza y belleza como para ser los milagros de
