﴿ لَيْسَ كَمِثْلِـه۪ شَىْءٌ ﴾
Es decir, ni en Su esencia, ni en Sus atributos, ni en Sus acciones Él tiene semejante, igual, par o copartícipe. Por cierto, que el Zát-ı Akdes (Ser Sagrado) Que toma al universo con sus circunstancias y funciones en el puño de Su soberanía y Quien lo regula, administra, alimenta y nutre con perfecto orden como si fuera una casa o un palacio tenga un semejante, igual, copartícipe o par no es posible; es imposible.
Por cierto, para Quien la creación de las estrellas es tan fácil como la de las partículas, ante Cuyo poder se subyuga lo más grande de la misma manera que se subyuga lo más pequeño, para Quien nada es un obstáculo para ninguna otra cosa ni ninguna acción es un obstáculo para cualquier otra acción, desde Cuyo punto de vista los innumerables individuales están presentes de la misma manera que está presente un individual, Quien oye todas las voces simultáneamente y es capaz de responder las necesidades ilimitadas de todos a la vez, fuera de Cuya esfera la voluntad y la volición no son nada, ni un estado, como lo atestigua todo el orden y equilibrio que está presente en los seres del universo, y a pesar de que Él no está en ningún lugar, a través de Cuyo poder y conocimiento está en todas partes, y a pesar de que todo está totalmente distante de Él, es capaz de estar totalmente cerca de todas las cosas; un Zát-ı Jayy-ı Kayyum-u Zulyelal (Ser Glorioso Eterno y Auto Subsistente) como este, por cierto de ninguna manera puede tener semejante, igual, copartícipe, diputado, opuesto o par; sería imposible. Sus cualidades sagradas y atributos sólo pueden considerarse a través de la alegoría y la comparación. Todas las comparaciones y alegorías de Risale-i Nur son de este tipo de comparación y parábola.
Así, el Más Puro y Sagrado no tiene semejante, es Váyib-ul Vuyud (Necesariamente Existente), totalmente remoto de la materia y más allá del espacio; Su fragmentación y división es imposible en todo sentido como lo es cualquier tipo de cambio o alteración; que sea necesitado o impotente está más allá de los límites de la posibilidad. Y aún así, un grupo de extraviados creen que ciertas manifestaciones de la Zát-ı Akdes Esencia que se manifiestan en las páginas del universo y en los niveles de los seres son el Zát-ı Akdes en Sí Mismo y le adjudican los decretos de la Divinidad a algunos seres; le atribuyen algunas de las obras del Zát-ı Zulyelal a la naturaleza.
Sin embargo, se demostró con pruebas concluyentes en numerosas partes de Risale-i Nur que la naturaleza es un arte Divino, no puede ser el artista. Es un escrito Divino y no puede ser el escriba. Es un bordado y no puede ser el bordador. Es un registro y no puede ser el contador. Es una ley y no puede ser el poder. Es un diseño y no puede ser la fuente. Es un receptor pasivo no puede ser el autor. Es un orden y no puede ser quien ordena. Es un código de creación y no puede ser quien establece el código.
Si, suponiendo lo imposible, el ser vivo más diminuto se refiriera a la Naturaleza y le dijeran: “Haz esto”, como se demostró en muchas partes de Risale-i Nur con pruebas fehacientes, entonces sería necesario proveer tantos moldes, o más bien, tantas máquinas, como cantidad de miembros y sistemas
